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Mi madre es la puta del macarra
Fecha: 07/01/2026, Categorías: Incesto Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos
... después, con varios polvos escondidos, le habló más fuerte que su conciencia. Capítulo II – La mudanza El test dio positivo un martes a la mañana. Isabel lo escondió bajo el colchón durante tres días. Recién el viernes, se lo mostró a Pablo, en silencio, en la trastienda de la zapatería. —¿Es mio? —preguntó él, como si no fuera evidente. —Claro que es tuyo. Dijo molesta —¿Qué vamos a hacer? —No quiero abortar, Pablo. Él se quedó mirando el suelo. No era un canalla. Pero tampoco era valiente. Finalmente, dijo: —¿Te gustaría irte a vivir conmigo? A ella se le iluminaron los ojos Los padres de ambos protestaron. Los de Isabel, indignados. Los de Pablo, avergonzados. Pero no pudieron impedirlo. Al mes siguiente, se mudaron al piso modesto que Pablo había comprádo con sus ahorros. Ella llevó su ropa en dos bolsas. Él ya tenía los muebles, la cocina, los platos. La convivencia fue al principio dulce, aunque torpe. Isabel intentaba ser una esposa ordenada, pero no sabía cocinar bien ni planchar. Pablo era amable, pero estructurado. No sabía consolarla cuando ella lloraba sin razón por las noches o cuando las náuseas la dejaban doblada. Se casaron por civil el día en que Isabel cumplió los 18. Apenas unas fotos en la casa, unos sándwiches de miga y una torta improvisada. A ella le quedó una pena rara en el pecho: algo entre celebración y derrota. Capítulo III – Mauricio El parto fue prematuro, a las 37 semanas. Mauricio nació con casi 3 ...
... kilos y sano. Isabel lo miró por primera vez y no supo si reír o llorar. Era tan pequeño que le parecía que se le iba a romper en brazos. Pablo lo sostuvo con torpeza. Era la primera vez que veía llorar a su hijo. Y la primera vez que lo acunaba en la madrugada, mientras Isabel dormía con los pechos hinchados. Los primeros meses fueron intensos. Isabel dejó de mirarse al espejo. Todo su tiempo era leche, llanto, pañales. Pablo volvía cansado de la zapatería. Y cuando ella intentaba acercarse por la noche, él se quedaba dormido antes de tocarla. La intimidad, poco a poco, se fue apagando. Al principio, Isabel creía que era el cansancio. Luego creyó que era el estrés. Después, comenzó a sospechar que era algo más profundo. Una noche, tras acostar a Mauricio, se puso un camisón nuevo y lo esperó en la cama. Él se desvistió sin mirarla mucho, se metió bajo las sábanas y le dio un beso en la frente. —¿Estás bien? —preguntó ella. —Sí. Solo cansado. —¿Te pasa algo conmigo? —No, Isa. Solo… estoy agotado. El trabajo, el bebé… Ella se dio vuelta en silencio. Sintió una punzada en el pecho. No era solo el deseo lo que se había ido. Era la emoción. El fuego. Después Pablo la volvió a tocar como a ella le gustaba y para Isabel todo fue perfecto, poco a poco dejó de ser una muchacha frágil convirtiéndose en una mujer. Durante los siguientes años se amaron con locura, exploraron sus cuerpos, y aunque ella se sentía diferente, más rellena, más curvada, seguía ...