1. Mi madre es la puta del macarra


    Fecha: 07/01/2026, Categorías: Incesto Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos

    ... preguntó.
    
    —Trabajando. Como siempre.
    
    —Al menos el mío me agarra de la cintura, aunque tenga barro en los zapatos —rió la otra.
    
    Isabel sonrió por cortesía. Pero le dolió.
    
    Una noche, se sentó en la cama y habló. Mauricio dormía. Pablo leía una revista náutica.
    
    —No es solo cansancio, Pablo. Ya van meses. No me tocas, no me buscas. No me decís ni siquiera que me veo bien.
    
    —¿Qué quieres que haga? —dijo él, sin mirarla.
    
    —No lo sé. Te amo, pero esto no puede seguir así.
    
    Pablo dejó la revista sobre la mesa de luz. Sus ojos estaban cargados de culpa, pero también de vergüenza. Como si no supiera cómo ser hombre frente a ella.
    
    —Me pasa que no sé me levanta. No sé… me siento diferente. Me cuesta.
    
    —¿Te cuesta conmigo?
    
    —No. Me cuesta… conmigo mismo, con todo.
    
    Isabel lo miró largo. Por primera vez, no lo juzgaba. Lo comprendía. Pero eso no quitaba el dolor.
    
    —Pablo… Yo también existo.
    
    Él asintió. Bajó la cabeza.
    
    —Lo sé.
    
    Debes ir al médico
    
    Iré, iré, te lo prometo
    
    Se abrazaron. Pablito te amo, dijo. yo a ti Isa, eres mi vida. Perdóname
    
    Tranquilo mi amor, el médico te ayudará.
    
    Cuando Mauricio cumplió 18 años. Isabel era eficiente, pulcra, buena madre. Pero ese último año, algo se había endurecido. Ya no era la muchacha que sonreía entre zapatos. Era una mujer que deseaba en silencio. Que recordaba cómo era sentirse viva en brazos de un hombre.
    
    En las últimas visitas Pablo se giraba hacia el otro lado, Isabel entendía mejor lo que ...
    ... era dormir acompañada… y sin embargo, sola. Donde salvo un par de veces de sexo oral no pasó nada más
    
    Capítulo V – Algo se mueve
    
    Mauricio había empezado a notar los cambios poco después de cumplir los dieciocho.
    
    Al principio fue algo sutil: su madre pasaba más tiempo frente al espejo, se detenía un poco más en la elección de la ropa, se recogía el cabello con horquillas nuevas, usaba perfume incluso para ir a la guardería. No era vanidad. No exactamente. Era otra cosa, algo más profundo: una especie de deseo de volver a sentirse viva.
    
    Luego vino el gimnasio. “Un poco de actividad me va a venir bien”, dijo Isabel, sonriendo. “Tengo unos kilos de más y me la paso sentada en la guardería”.
    
    Mauricio asintió. Lo entendía. Todos necesitamos algo que nos saque de la monotonía.
    
    Pero con el correr de los meses, el cambio fue más evidente. La ropa ya no era solo cómoda, sino ceñida, colorida. Empezó a usar calzas deportivas que marcaban la curva de sus muslos, tops que dejaban ver la cintura cada vez más delgada. Se atrevía incluso con camisetas con mensajes juveniles, zapatillas nuevas, y unos pendientes pequeños que Mauricio jamás le había visto antes. En casa usaba cacheteros que dejaban ver parte de sus hermosas nalgas, o camisetas que daban la visión del canalillo de sus tetazas. Incluso un domingo se atrevió a colgar la ropa en el patio con un camisón que apenas le tapaba el culo, y que cada vez que se agachaba dejaba ver el tanga metido entre sus grandes nalgas ...
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