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Mi madre es la puta del macarra
Fecha: 07/01/2026, Categorías: Incesto Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos
... carnosas, las cuales le recordaban a las de Kin Kardashian. -Mamá, cuidado te ven los vecinos del otro lado del edificio - están lejos, desde allá no ven nada Días después —¿Y eso? —preguntó, cuando la vio sacar un body transparente de una bolsa con la etiqueta de la tienda aún puesta. —¿Qué? —… estás diferente. —¿Mejor? —No lo sé. ¿Estás saliendo con alguien? Isabel se echó a reír, como si la sola idea fuera absurda. —¡Por favor, Mauri! Solo me estoy cuidando un poco. ¿Eso es un crimen? Pero unos días después, se le escapó un comentario que lo descolocó por completo: —Hay una discoteca nueva en la costanera. Me contó Lara, la de la guardería. Van muchos treintañeros guapos, música latina… Parece divertido. Mauricio la miró con el ceño fruncido. —¿Vas a ir a ligar a una discoteca? —No dije eso. Dije que me contaron. ¿Qué te pasa? —Nada, solo que… ¿No sos un poco mayor para eso? La sonrisa de Isabel se desdibujó apenas. No dijo nada más. Solo se volvió a mirar al espejo y siguió con su lápiz labial. Desde ese día, algo en Mauricio se encendió. Una incomodidad nueva. Empezó a prestarle más atención. No solo a cómo se vestía, sino a cómo hablaba por teléfono. A las veces que llegaba 15 o 20 minutos más tarde del gimnasio. A cómo miraba distraída por la ventana, como si estuviera en otro lado. Y así, una tarde de miércoles, decidió seguirla. Lo hizo sin plan. Solo se dejó llevar por el malestar. Se dijo que no era ...
... celos, que era preocupación. Que su madre siempre había sido ingenua, confiada. Que cualquiera podía aprovecharse de su bondad. La esperó media cuadra detrás. Isabel caminaba con paso seguro, con sus calzas negras y una remera azul ajustada que le marcaba la espalda recta. Entró al gimnasio con una sonrisa liviana, como si el aire fuera más fácil de respirar allí. Mauricio esperó diez minutos y luego entró él también, simulando buscar información sobre las tarifas. La vio enseguida, al fondo, en la sala de musculación. No estaba sola. Un macarra de unos 25 años, atlético, de piel tostada y camiseta sin mangas, le corregía la postura frente al espejo. La tomaba suavemente por los brazos, por la cintura, le hablaba muy cerca. Isabel reía. Una risa nueva, suelta. De esas que uno guarda para momentos íntimos. Mauricio sintió que algo se le helaba por dentro. La observó un rato más, sin que lo vieran. Las caricias no eran descaradas. Pero tampoco eran neutrales. Ella no se apartaba. Él no se contenía. La cercanía era continua, fluida. Una mano que se posaba sobre su omóplato, otra que le recorría su espalda. El lenguaje corporal no mentía. Mauricio salió sin preguntar por tarifas. Esa noche, Isabel preparó una tortilla de papas. Había vuelto sudada, con el rostro rojo y los ojos brillantes. Canturreaba en la cocina, como si tuviera veinte años. —¿Te fue bien en el gym? —preguntó él, sentándose en la mesa. —Sí. Estoy mejorando en abdominales. ¡Mirá esto! —y ...