-
Amor en criptomonedas VII
Fecha: 09/01/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos
Capítulo VII El silencio de la carretera fue roto por el motor del coche mientras Margaret conducía de regreso a la villa. Los nudillos blancos, aferrados al volante, los ojos empañados. Había dejado a Alan solo… en la gasolinera. Lo había dejado sin explicaciones, sin un perdón, sin siquiera una verdad. Ahora, al saber que Jack no sabía de él la angustiaba más. Pedía que estuviera bien Al llegar, la casa estaba en silencio sin murmullos sin luces. Ya nada se celebraba —en — la titulación de Margaret y Helen. Pero al entrar en la cocina el ambiente se puso tenso. Ahí estaba Helen, desconsolada, vacía; Eric, con cara de susto en un rincón; Bruno, moviendo los hielos en un vaso; Grace en silencio, y Lauren con su novio, alejándose discretamente hacia la piscina. Tiffany estaba sentada al borde del sofá, nerviosa. Margaret irrumpió en la cocina y no dijo nada. Caminó con paso firme hasta Helen y la observo mientras le confesaba que se había metió a su cuarto en busca de Alan. Sin más la agarró del cabello y la empujó hacia atrás con un tirón seco. —¡¿vas a borrar el video, zorra?! ¡se acabaron tus amenazas! Helen chilló, por orgullo y dolor mientras era arrastrada pidiendo ayuda, hasta que gracias a Grace se soltó bruscamente. Quedó en el suelo, llorando, antes de levantarse sin responder. Con los ojos enrojecidos, salió corriendo hacia el pasillo, seguida por Grace. Eric bajó la mirada y se encerró en su habitación sin emitir una palabra. Lauren y su novio ...
... aprovecharon para perderse tras la puerta corrediza que daba a la piscina. El silencio era espeso como humo. Solo Tiffany se atrevió a hablar. —Margaret… —su voz temblaba, pero fue firme—. En el video que tiene Helen apenas se te ve la cara. Digo que buscando minuciosamente podrían identificarte, pero es borroso. En cuanto a las voces… tampoco se escuchan bien. Solo se oye bajito a Eric decir tu nombre, pero nada más. El resto quedó opacado por la música. Margaret se giró con la rabia aún en el cuerpo. —¿Y por qué nunca me lo dijiste? —¡No lo sabía! —respondió Tiffany, levantando las manos en señal de inocencia—. Me lo mostró recién ayer… como queriendo confesarse, no sé. Pensé que deberías saberlo. Margaret apretó los puños. La sensación de traición se acumulaba en la garganta como un grito que no salía. —Gracias, Tiffany —dijo con la voz rota—. Pero es muy tarde. Tiffany se levantó y se acercó despacio. Puso una mano en el brazo de Margaret. —Búscalo, por favor. A Alan. Es único. Yo creo que, en el fondo, todas lo sabíamos. Incluso Helen. — Ella no sabe nada, solo quiere joderme la vida — Te equivocas. Helen… está enamorada de Alan. Me lo confesó. Dijo que la forma en que él te mira, que te besa, que te abraza… con esa dulzura… la confundía, la mataba. Y que no entendía cómo tú podías tener algo tan bueno y ella no. Por eso fue a su cuarto anoche, antes de que se fuera. Lo deseaba Margaret cerró los ojos, sintiendo el mundo hundirse bajo sus ...