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Amor en criptomonedas VII
Fecha: 09/01/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos
... tocó. Ella no quería, pero todas insistieron, que fuera un rato, que solo se dejara tocar, que lo disfrutara, etc Fred tragó saliva, manteniendo la mirada al frente. —fue en el apartamento de la novia, y cada una se metió en un cuarto. Se suponía que solo serían unos besos, una especie de juego. Ya sabes, algo que todas podían guardar como anécdota. Pero por el deseo y las copas se descontroló. Ella se dejó llevar. Me confesó que, al principio, era solo curiosidad… pero luego sintió que algo en ella se rompía. Terminó con él. Alan apretó los labios. —¿Te lo contó? —Sí. Tres días después. Yo regresaba de una ruta larga. Venía cansado, con ganas de verla, de abrazarla… y apenas crucé la puerta, me miró con los ojos rojos, cara demacrada, y se derrumbó en mis brazos. Me lo dijo todo. Con detalles. Llorando, temblando… como si al confesarlo quisiera liberarse. —¿Y tú qué hiciste? Fred sonrió con tristeza. —Me fui. No la grité. No la insulté. Pero algo dentro de mí se apagó. Podría haberla perdonado. Sé que mucha gente lo hace. Pero no quise vivir con la sombra de esa noche colgando sobre nosotros. El problema no fue el cuerpo… fue que, por un momento, ella eligió a otro. Y ese tipo de elección, aunque sea por una hora… lo cambia todo. Alan permaneció en silencio. Sus ojos brillaban. La boda se canceló. Me encargué de que el novio supiera lo que había hecho la prometida en la despedida. — ¿A tu ex, la sigues queriendo? —Hasta el día de hoy. ...
... Pero querer no siempre es suficiente. Un silencio pesado cayó sobre la cabina. Solo el zumbido del motor y el viento golpeando los espejos. —¿Y tú, Alan? ¿Qué dejaste atrás? Alan respiró hondo. Se quedó un momento mirando la carretera que parecía infinita. —A una chica que me amaba a su modo… pero que nunca fue capaz de ser honesta. Me partió el alma y aun así, parte de mí la quiere. Pero ya no quiero querer desde el dolor. Fred le dio una palmada en el hombro. —Bienvenido al club. Ahora entiendes porque te ayudé. -Vaya dos. Dijo Alan, riendo mientras sonaba I’m a man of constant sorrow https://youtu.be/gWUzKCfK5GY?si=qdmKuLxTEXBUtFWa Llegaron ya entrada la noche a la posada. El aire olía a pino húmedo y a leña quemada en alguna chimenea lejana. Fred y Alan entraron en la pequeña recepción, dejaron las mochilas, y Fred sacó el teléfono de su bolsillo. Se lo pasó a Alan. Marcó el número de Jack con dedos que no temblaban, pero que llevaban el peso de lo reciente. —Jack —dijo Alan cuando contestó— soy yo. ¿Tienes un minuto? Del otro lado se oyó la voz tensa, resignada, de Jack, pero también con cierto alivio. —Sí… dime. ¿Qué pasó con todo? Fred se apartó un poco; Alan se quedó en silencio, dejando que Jack hablara. —Mira —empezó Jack—, te lo explico rápido porque no quiero que esto se desmadre más. Fui, lo saqué. Tu portátil estaba bajo el colchón, envuelto en una camiseta que olía a ti. La ropa la guardé en una bolsa, y lo demás lo ...