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Amor en criptomonedas VII
Fecha: 09/01/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos
... empacamos. Margaret… estaba fuera, no se interponía. Me pidió que le dijera algo, que le dijera que lo sentía, que… pero yo había hecho lo que tenía que hacer. Le dejé claro que lo que tenía que hacer era seguir. Tú, no vas a recuperar nada reteniéndolo. Le dije. — si una vez lo amaste, devuélveselo a la dignidad. —Lo entendió —respondió, con la voz baja—. Ella no estaba buscando pelea. Solo se resignó. Gracias, Jack. En serio. Jack resopló. —Solo asegúrate de que esto valga la pena. Si vuelves a empezar, que sea para algo real. No para repetir lo mismo. —Lo será —dijo Alan—. Te lo prometo. ¿Puedes mandarme una foto de lo que te llevaste? Y dime, ¿quedó algo ahí que necesitemos arreglar? —Nada. Todo en buen estado. - El portátil? … — Tranqui bro, lo limpié, lo encendí y va bien. De tu parte ya no hay más que hacer. Solo que cuides lo que viene. —Gracias —repuso Alan—. Te debo una. —Y yo te debo 400.000 —intervino Jack, con un dejo de sonrisa contenida—. Lo que hiciste con esa visión no es poca cosa. Pase lo que pase, ya gané. Eso no lo borra nadie. Se rieron con un hilo de incredulidad, y Jack agregó: Jackson voy a montar una empresa y me haría falta un abogado recién graduado, Si aceptas lo haremos juntos. Para ello te ofrezco el 25 % a cambio de que lleves la parte legal, que seas quien le dé estructura y protección a esto. Yo me encargo de las finanzas, de hacer que el motor funcione. Cuando estemos dentro, te mando los documentos, el poder, ...
... y hacemos el papeleo. Una vez que tengas el título, te vienes a Miami. Aquí montaremos lo que ya somos y lo que podemos ser. -Yo mismo soy —Hecho —dijo Alan—. Te lo envío todo tan pronto esté listo. Y Jack… de nuevo gracias. Tranquilo Bro Colgaron. Alan dejó el teléfono en la mesa. Fred lo miró, sonriendo apenas, como quien ve la primera pieza de un mecanismo empezar a encajar. Esa noche, ya con las llaves de sus respectivas habitaciones, se sentaron en el porche de la posada. La noche era serena, el cielo claro; en la pradera más allá, unas sombras de árboles se recortaban contra una luna pálida. Las voces de otros huéspedes quedaban levemente allá adentro, pero afuera sólo estaba el crujir de la madera bajo sus manos y el silencio que hace que las palabras tomen peso. Alan se apoyó en el respaldo del banco de madera. Tenía una taza de café frío entre las manos, la mirada perdida en la oscuridad, y empezó a hablar como si estuviera repitiendo un mantra para convencerse de que era cierto. —Nunca imaginé que terminaría aquí, contándote esto —dijo—. De camarero en una cafetería de mala muerte a tener algo que se parece a una red. Empecé con poco… con unas horas extra, guardando cada propina, aprendiendo de unos clientes. Vi cómo la gente usaba el dinero, cómo le tenía miedo, cómo lo escondían y cómo lo hacían bailar. Me metí en esto de las criptomonedas porque me pareció que, si alguien entendía la trampa de los sistemas, era yo. Aunque en principio hubo ...