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De entrega inmediata, con el chofer de mi esposo
Fecha: 10/01/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Daniela, Fuente: CuentoRelatos
... atractivo y muy bruto, de hecho siempre me habían resultado los dos bastante patanes, pero muy cachondos, así que al ver a este tipo tan de cerca me estremeció involuntariamente, pues era un tipo bastante, fuerte y moreno. Cierto es que ya lo había visto y siempre me atrajo, pero nunca lo vi tan de frente, alto, fornido, quemado por el sol y de brazos velludos, ¡mmm!… ―¿Van a salir?… ―le pregunté entre ingenua y coqueta. ―Si, creo que van a supervisar a ciudad Altamirano… ―¿Van?… ¿Qué tú no vas con él?… ―No señora, llevará Ramón, mi compañero, a su esposo y al ingeniero Arturo ―Y yo que pensé que mi viejo estaría conmigo hoy. Pero que se puede hacer con un marido tan ocupado, ¿verdad?… Otra vez me la pasaré solita… ―le dije mientras le sonreía coqueta y enfatizaba la última palabra. Lo miré insinuante, con esa picardía que poseemos las mujeres atractivas y sensuales, y él, por supuesto, sosteniéndome la mirada solo me dijo: ―Falta de confianza señora, eso se puede arreglar si usted quiere… Al decir esto me miró los senos descaradamente. ―¡Estas loco!… ―le dije muy puta y sonriéndole me di la vuelta y moviendo las nalgas provocativamente. Me imagino que se le paró la verga al ver como oscilaban mis suculentas nalgotas, pues de reojo me di cuenta que se frotaba la bragueta. Entré a la casa y para mi sorpresa me sentía mojada de la panocha, en parte por las mamadas que me había dado mi marido y en parte por ese tipo que me había inquietado. Salí con ...
... mi marido a despedirlo, pero mi vista estaba en el chofer, el cual se despidió de mí dándome la mano con un prometedor: ―Hasta luego, señora… ―y que yo reafirmé con una leve e insinuante sonrisa. Al partir mi esposo, regresé a casa y me imaginé al chofer cogiéndome, se veía un bruto y me estremecí de pensarlo, pero el tiradero de la casa me hizo apartarlo de mi mente y me dediqué a mis quehaceres… Cerca de las 12 del día terminé y me fui a la sala, encendí el televisor y me fui quedando dormida… El ruido del teléfono me desperezó, contesté y me colgaron, eran las 14 horas… «Qué flojera», pensé. Fui al baño me lavé la cara y me maquillé levemente, estaba en eso cuando sonó el timbre del portón… ―¿Quién será?… Salí dispuesta a ver al clásico vendedor… El teléfono de nuevo y colgaron otra vez. Una vez más el timbre de la casa y ahora mi vecina. Charlé con ella unos cinco minutos y se despidió, me di una ducha para ir a casa de mi mamá y pasar la tarde con ella, pero que aburrida me iba a dar. Cambié de opinión y le hablaría a mi amiga Vero para salir a comer con ella. Me maquillé otra vez, elegí un vestidito corto de color rojizo, decidí no usar ropa interior de nuevo. Me encanta salirme a la calle sin nada debajo, excepto mi perfume favorito con olor a vainilla y mis sandalias de tacón. Me vi al espejo, me veía muy buena, bonita, más bien cachonda por mi cabello suelto, y con una cara de “cómeme”… De nuevo el timbre de la puerta: «Cómo chingan», pensé. Y de mala ...