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Eliana e Isaac una historia de amor (madre-hijo)
Fecha: 12/01/2026, Categorías: Incesto Autor: luisfa60, Fuente: CuentoRelatos
Estimados lectores, he recibido este mail y quiero compartir parte de él, como así también el relato de su historia de vida. «Hola Luis, que tal como va la vida, espero que bien, te escribo para comentarte que las sugerencias aportadas por ti, sumado a la lectura de tus relatos, hicieron que nuestro sueño se hiciera realidad. Te pido por favor si puedes hacer uno con nuestra historia, desde ya muchas gracias.» «Hola Isaac, gracias por el privilegio, (después de algunas preguntas de rigor) me demoraré un poco pero lo más rápido posible lo veras reflejado en la página.» «Desde ya mil gracias.» El presente relato tratare de hacerlo con la correlatividad de los mail recibidos, obviando mis preguntas. Hace un tiempo que falleció mi padre, hombre que le supo dar a mi mama una vida colmada de frustraciones y penurias, jugador y bebedor compulsivo, pero lo más dramático era su faceta de golpeador. Mama, una hermosa mujer, quien hoy cuenta con cuarenta (bien llevados) años. Eliana se llama, con su metro sesenta, luce sus hermosas piernas y sus pechos bien redondos al igual que su culo parado, hace mucha gimnasia en casa y de vez en cuando sale correr por el pueblo. A su cuerpo lo acompaña su rostro sufrido pero angelical, de labios carnosos y una nariz que me vuelve loco, bien respingada, acompaña a su pequeño físico una cabellera rubia hasta la cintura. Yo, Isaac, 24 años, estatura promedio, un metro setenta y cinco, también, al igual que mi madre, de tez ...
... blanca, delgado pero musculoso producto del gimnasio, no es desproporcionado, pero estoy en forma. Siempre de pequeño, mama me dio mucho cariño, cada vez que podía me abrazaba, siempre nos saludábamos con un piquito y a todos lados íbamos tomados de la mano. La verdad todo lo que hablamos comienza hace dos años (recién había fallecido papa) cuando se instaló la semilla del deseo. Me encontraba solo en casa y salía desnudo de darme una ducha, sin haber escuchado que mi madre había llegado. Terminando de secarme me encontré masajeando mi verga, la que no tardo en pararse, cuando de repente entro mi mama al cuarto, clavo los ojos miel en el miembro, se puso colorada y disculpándose salió de la habitación. Luego de ese momento, todo cambio, digo para bien. Durante unos días, yo creí que era impresión mía. En varias oportunidades que no desaprovechaba, rozaba con su mano mi miembro o se agachaba con su culo en dirección a mí dejándome disfrutar la bella vista que me ofrecía sus redondas nalgas. Para salir de la duda si era impresión mía o casualidad, comencé, cada vez que tenía la oportunidad, a darle una nalgada, las dos primeras veces me miro de costado y sonrió, luego, cada vez que le aplicaba el golpecito, de su boca salía un sonido parecido a un gemido. Duro un par de semanas ese “cortejo” hasta que me dijo. – Isaac tenemos que hablar. A mí se me derrumbo el mundo, pensé que ahí seria el fin de nuestra sensual danza, pero muy por el contrario, me conto parte de ...