1. Rescatado en la tempestad (Parte 7)


    Fecha: 13/01/2026, Categorías: Gays Autor: Prometeo, Fuente: TodoRelatos

    ... cierta repulsa Fernando, pero si tu crees que te puede agradar de alguna forma, por mí no va a haber problema — dijo encogiéndose de hombros. Complacido por su respuesta, me sacó una gran sonrisa.
    
    Durante esa conversación, no había dejado de masturbar a papá, y su polla empezaba a resecarse por la fricción, así que lleve mi boca de nuevo a su glande y empecé a succionar suevamente, repasando con mi lengua el frenillo y el hueco que había bajo su caperuzón. Después empecé a introducir lentamente su polla en mi boca, hasta que su punta golpeó mi campanilla. La sensación fue bastante molesta, pero mi necesidad de tenerla en mi boca compensaba con creces esa sensación tan desagradable.
    
    Tuve que sacarla unas cuantas veces para recuperar el aliento, pero a cada vez que introducía su enorme rabo en la boca, esta entraba un poco más.
    
    — Ostia puta, Fernando. Como sigas así, te la vas a meter entera, ¿Cómo lo haces? — preguntó estupefacto por mi capacidad de albergar tanta carne en mi estrecha cavidad.
    
    — No lo sé, papá. Solo sé que me encanta sentirme atragantado por ella. Me encanta su sabor y su textura — respondí mientras tomaba algo de aire.
    
    — Si eres capaz de mamármela de esa manera, no voy a necesitar follarte para quedar satisfecho en el futuro, hijo —.
    
    — ¿Eso significa que ya no quieres follarme el culo, papá? —.
    
    — En absoluto, me muero de ganas de hacerlo, más ahora que veo que la mamas como un campeón. Solo digo que simplemente comiéndomela, vas a ...
    ... hacer muy feliz a papá.
    
    En ese momento, solté su polla unos segundos y me tumbe sobre él, y acerqué mi boca para besarle por el sentimiento de puro amor que sus halagos habían despertado en mí. Sin lugar a duda, era un amor mezcla del cariño que le tenía a papá, y una pasión despertada en ese acto tan placentero que estábamos compartiendo.
    
    — ¡Qué dulce es tu boca, hijo mío! — dijo mi padre relamiéndose los labios tras nuestro beso.
    
    — Es porque has probado los juegos de tu propio rabo, padre. ¿A qué es delicioso? —.
    
    — Quizás tengas razón, a lo mejor hemos descubierto un nuevo manjar juntos, Fernando — dijo volviéndome a besar y recorrer con su lengua toda mi cavidad.
    
    Después de eso, bajé nuevamente a buscar su polla, y lamer sus gloriosos huevos. Sentirlos moviéndose entre mis dientes me resultó de lo más excitante. Un minuto después, y sin saber cómo lo había conseguido, la polla de mi padre estuvo totalmente dentro de mi boca, y su glande parecía que llegaba hasta la altura de mi corazón. Jamás pensé que algo pudiera introducirse tan profundamente en mi garganta.
    
    Mi padre empezó a sudar y retorcerse en la cama de puro placer. Sus gemidos tenía que acallarlos con las sabanas de la cama, o su puño, porque de no haberlo hecho habríamos alarmado a los vecinos.
    
    Cuando estaba chupando sus huevos, pasé mi lengua por su perineo, lo que provocó que gimiera tan fuerte y descontroladamente que tuvo que llevarse sus manos a la boca y presionar fuertemente para ...
«12...161718...29»