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Mis compañeras de piso liberan a la bestia Cap.1
Fecha: 22/01/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: MrWilson, Fuente: TodoRelatos
Mis compañeras de piso liberan a la bestia Capítulo 1: El sueño de Sofía Por suerte mi amigo Pablo pudo llevarme en su furgoneta ese día. Aunque la mudanza era ligera, se agradecía no hacer el trayecto solo. Había empezado a trabajar hacía casi un año, y ya era hora de independizarme de casa de mis padres. No era exactamente como lo había planeado: la idea original era irme a vivir con Paula, mi novia, pero le dieron una beca en el extranjero y ahora estábamos intentando que la relación a distancia funcionara. Pablo no pudo bajarse a ayudarme porque era imposible aparcar por allí. Paró en doble fila, me ayudó a sacar las cosas rápido y se despidió con un “¡Ánimo, tío!” antes de desaparecer entre el tráfico. Me quedé frente al portal con todo en las manos, mirando el edificio como si esperara que me dijera algo. Solo era un bloque de pisos viejo, con la pintura desconchada y una entrada mal iluminada. Llevaba una maleta pesada, la funda de la guitarra a la espalda y una caja apoyada en la cadera. Como pude me metí en el ascensor y mientras subía sentía esa mezcla de nervios y emoción que acompaña los comienzos. En el rellano, el olor a café flotaba en el aire como una promesa cálida. Frente a la puerta del apartamento 4B, respiré hondo. Toqué. Esperé. Nada. Probé la llave que me habían dado en la inmobiliaria. Encajó. Al girarla, un clic suave me dejó pasar a mi nueva vida. Lo primero que noté fue el caos acogedor del salón: cojines en el suelo, un cuadro ...
... sin colgar, una manta sobre el respaldo de un sofá enorme, tazas medio vacías sobre la mesa baja. Había movimiento, ruido de pasos y una voz femenina tarareando. —¡Oh! —dijo alguien al fondo—. ¡Tú debes ser nuestro nuevo compañero! Una chica morena apareció desde la cocina, con la piel color canela, ojos profundos y una sonrisa cálida que parecía iluminar la estancia. Vestía ropa cómoda, como si acabara de llegar de una clase de yoga. Llevaba un paño de cocina en las manos y caminaba descalza, con un movimiento natural. Se acercó con tranquilidad y me tendió la mano. —Soy Elena. Bienvenido a la jungla. Tras ella fueron apareciendo, una a una, las otras tres. Sofía me saludó desde el sofá, levantando apenas la vista de un libro que sostenía como si fuera un escudo. Su pelo, rubio muy claro, parecía casi blanco bajo la luz del salón, y sus labios finos dudaban entre esbozar una sonrisa o esconderse detrás de las páginas. Luego salió Mya desde el pasillo: alta, imponente, con la presencia de una diosa caribeña. Me puso nervioso, y solo alcancé a decir un “hola” bajito, porque sabía que si intentaba hablar más acabaría balbuceando, y no quería que Mya notara el efecto que había provocado en mí. Ella sonrió como si lo hubiera notado igual. Por último, rompiendo un silencio que empezaba a volverse incómodo, Lucía apareció también desde el pasillo, que llevaba —como era de esperar— a las habitaciones. Era bajita, delgada, pelirroja, con pecas que le salpicaban la cara ...