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Mis compañeras de piso liberan a la bestia Cap.1
Fecha: 22/01/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: MrWilson, Fuente: TodoRelatos
... hacía, se notaba que llevaba rato pensándolo. —¿Tienes algún autor favorito? —le pregunté, señalando el libro que tenía entre las manos. Sofía lo cerró con cuidado, como si le costara salir de ese mundo, y me respondió con una sonrisa tímida: —Oscar Wilde. Me encanta cómo escribe, tan irónico, pero tan humano. Aunque también adoro a Emily Dickinson… y Jane Austen. Son muy distintas, pero cada una me ha acompañado en momentos muy diferentes. —A mí me tira más Lovecraft —le dije, y sus ojos se encendieron de repente. —¿En serio? —preguntó, incorporándose un poco—. No conozco a mucha gente que lo lea. Es… denso, pero fascinante. —Sí, justo por eso. A veces necesito escapar tan lejos que ni la Tierra me alcanza —le dije—. Entonces leo a Lovecraft. O me encierro con la guitarra. Sofía asintió, como si entendiera exactamente lo que quería decir. A partir de ese momento se relajó y dejó su libro a un lado. Se permitió reír con timidez, incluso se incorporó un poco más en el sofá. Ya no parecía tan lejana. Y yo, por primera vez desde que había llegado, sentí que estaba justo donde tenía que estar. La tarde avanzó y poco a poco las dinámicas empezaron a dibujarse con más claridad. Mya me guiñaba un ojo cada vez que hablaba, como si todo lo que dijera tuviera un doble sentido. Lucía me lanzaba preguntas personales sin filtro: si creía en el amor a distancia, si me gustaba dormir con ruido, si alguna vez había llorado viendo una película. No lo hacía por ...
... incomodar, sino porque parecía vivir en un estado de curiosidad constante. Elena se mantenía en un equilibrio amable, como si fuera una mezcla entre madre adoptiva y jefa de piso. Me preguntaba si tenía toalla, si sabía cómo funcionaba la lavadora, si necesitaba ayuda para organizar la cocina. Todo con una sonrisa, pero con ese tono que deja claro que le gustan las cosas en su sitio. Sofía, en cambio, no decía mucho. Pero me observaba. No de forma invasiva, sino como quien intenta entenderte antes de decidir si hablarte. A veces, cuando creía que no la miraba, la encontraba mirándome. Y cuando nuestras miradas se cruzaban, ella bajaba la vista rápido, como si la hubieran pillado en algo íntimo. Nadie decía nada explícito, pero empecé a notar ciertos gestos: miradas entre ellas, silencios que duraban un poco más de lo normal, risitas que no venían de ningún chiste. Había tensión. No diría que fuera sexual, sino más bien territorial. Como si mi presencia hubiera activado algo que llevaba tiempo dormido. Un nuevo cuerpo en el ecosistema, y todas estaban reajustando sus posiciones. Quise suavizar el ambiente, pensé que poniendo las cartas sobre la mesa sobre mi situación sentimental ayudaría. Sobre todo para que ninguna se pensara que podía tener otras intenciones con ellas que no fuera la amistad. —Por cierto, creo que no lo había dicho, tengo novia —dije—. Se llama Paula. Está en el extranjero por una beca, así que estamos con esto de la relación a distancia. Elena ...