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Un albañil maduro desvirgó a mi novia
Fecha: 24/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Fornicatorix, Fuente: CuentoRelatos
... días, mientras mis abuelos veían la televisión después del almuerzo, yo subía a la terraza a tomar el sol. Pese a que ellos ya no podían acceder a la azotea, me ofrecieron desde el primer día que subiese arriba siempre que me apeteciese broncearme. Así que a diario y después de comer, iba a mi habitación, me desnudaba, me ponía uno de los dos bikinis que había llevado de casa (uno de color azul y el otro verde pistacho), cogía mi bote de crema solar y vestida únicamente con el bikini subía a la azotea para tostarme al sol echada en la tumbona que ya había dispuesto para tal motivo. El primer día que subí me percaté de que varias losetas del suelo estaban levantadas y se lo hice saber a mi abuelo. -Normal, teniendo en cuenta el tiempo que hace que no subimos. Gracias por el aviso. Llamaré a algún albañil un día de estos para que venga a sustituirlas y a pegarlas al suelo -me comentó. Una de las tardes que estaba tumbada al sol se me vinieron a la mente, sin saber muy bien el motivo, las palabras de algunas compañeras de la facultad: hacían topless habitualmente en la playa. Yo les había dicho que era incapaz de tomar así el sol, que me moriría de la vergüenza estar con los pechos al aire en medio de la gente. Estuve dándole vueltas a eso varios minutos hasta que me levanté de la tumbona y me asomé al borde de la terraza: me encontraba allí sola, sin nadie que me pudiese ver, pues no había casas cercanas, mis abuelos no subirían y lo único que había alrededor era ...
... campo y árboles. Volví a la tumbona, me senté e hice lo que jamás pensé que llegaría a hacer algún día por mi timidez: me desabroché el sujetador del bikini azul y lo dejé caer al suelo. Mis tetas quedaron por primera vez desnudas en un lugar abierto. Me eché crema bronceadora en las manos y la extendí por mis pechos. Mis pezones rosados se endurecieron con el roce de mis manos y mis pechos quedaron cubiertos por una fina capa de crema. Me tumbé a tomar el sol, al principio algo insegura y nerviosa, pero poco a poco me fui relajando hasta que llegué a quedarme un rato dormida, escuchando música a través de mis auriculares y dejándome acariciar por el sol y por la ligera brisa que soplaba ese día. Cuando llevaba algo más de una hora tomando el sol, decidí que ya era suficiente: me puse la parte superior del bikini y abandoné la azotea. Pasé por el salón donde se encontraban mis abuelos viendo la televisión y les dije: -Voy a darme una ducha y ahora me siento un rato con vosotros. Ya en la ducha, desnuda y con el agua mojando mi piel, me sentía excitada, caliente. Fui acercando mi mano derecha a mi vagina y cuando estaba a punto de acariciármela, la voz de mi abuelo sonó al otro lado de la puerta: -Nuria, voy a hacer café. ¿Quieres que te prepare uno? -Ehh, sí, sí, gracias -respondí. Las palabras de mi abuelo llegaron en el momento más inoportuno y me interrumpió de golpe el intento de masturbación. Al día siguiente, de nuevo después de comer, volví a la ...