1. Martín el camionero y la prostituta de pueblo


    Fecha: 24/01/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos

    ... semana. Tócate los cojones… Esto es un circo, pero sin carpa. ¿Tú estás segura de que esto no es una cámara oculta?
    
    Jessi, que ya estaba de nuevo manoseándole la entrepierna con desparpajo, se encogió de hombros con media sonrisa.
    
    —Te dije que están acostumbrados. Aunque mi abuela… es la primera vez que me pilla en mitad de una faena.
    
    Martín se la quedó mirando, todavía fascinado por el contraste entre aquel cuerpecillo joven y vivaracho y el entorno más propio de una película de Paco Martínez Soria. Le agarró de la nuca y la atrajo hacia sí con brusquedad.
    
    La joven, ruborizada y muerta de la risa, se subió a horcajadas sobre él y le dio un beso en el cuello.
    
    —Como vuelvan a interrumpirnos… nos vamos a tu camión.
    
    Martín gruñó y le agarró el culo con ambas manos, colocándola bien para retomar la faena.
    
    —No te preocupes, guapa. Vamos a darles espectáculo ya que parece que han pagado entrada.
    
    Jessi, con el pelo revuelto y las mejillas encendidas, apoyó una mano en el pecho de Martín para hacer equilibrio y llevó la otra hacia atrás, tanteando entre sus muslos hasta encontrar lo que buscaba. Soltó una risita al notar el tamaño del rabo que se le ofrecía, de nuevo erecto y palpitante, y lo empuñó con decisión, apretándolo entre los dedos como quien agarra el pomo de una puerta pesada.
    
    —Madre mía, esto no es una polla, es una corneta de procesión —murmuró entre dientes, colocándose bien encima, con las rodillas firmes a ambos lados de su cintura—. ...
    ... Verás ahora… voy a tocar la zambomba con el coño.
    
    Martín, tumbado de espaldas sobre la cama que crujía ya sólo con respirar, la miraba con una ceja levantada, las manos apoyadas detrás de la cabeza como si estuviera en una tumbona de playa.
    
    —Tú verás, niña. Pero si bajas entera, luego no le vayas llorando a tu madre con el desgarro.
    
    —Calla, animalico —le soltó, y justo después, con una mueca entre placer y concentración, fue dejándose caer poco a poco sobre aquella herramienta descomunal.
    
    El glande empujó con fuerza contra su entrada, haciéndola suspirar en alto, y cuando por fin se abrió paso entre sus labios vaginales, Jessi soltó un quejido ronco, entre dolor y vicio, apretando los dientes mientras se empalaba con cuidado, centímetro a centímetro.
    
    —Joder, joder… ¡esto no cabe! —gimió, sin parar de bajar, como si le costara pero no pensara rendirse.
    
    —Pues bien que te la metí antes… ese coñito tuyo lo envolvía como si fuera la funda original —gruñó Martín, clavándole la mirada en las tetas que ahora lo apuntaban empitonadas.
    
    Ella se quedó un segundo quieta, con todo el cipote enterrado dentro, los ojos cerrados y las manos en sus muslos, respirando hondo. Después abrió los ojos, le lanzó una mirada ardiente y empezó a moverse.
    
    —Sujétate, que voy a sacarte brillo al rabo —le soltó, y comenzó a cabalgarle con maña, con ese vaivén de caderas que sólo dan las ganas y la experiencia.
    
    Rebotaba sobre él con ritmo canalla, dejando caer el culo con fuerza, ...
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