1. Martín el camionero y la prostituta de pueblo


    Fecha: 24/01/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos

    ... con el culo blandengue y la panza cervecera de su marido, que en vez de dar guerra sólo sabía tirarse pedos y resoplar cuando subía escaleras.
    
    Martín clavó la vista en la madre, sin dejar de embestir como si estuviera taladrando una pared de ladrillo.
    
    —¿Le molesta, señora? —dijo entre gruñidos, con esa voz suya de whisky y carretera—. Porque si quiere esperar turno, me ventilo esto en cinco minutos y aún me queda rabo pa’ regalar.
    
    Le guiñó un ojo de nuevo, y soltó una carcajada ronca que llenó el cuarto como el humo de un puro barato.
    
    La mujer soltó una carcajada seca, llevándose una mano al pecho como si se abanicara con su propio asombro.
    
    —No me extraña que apriete los dientes, criatura. ¡Con semejante pedazo de carne encima, cualquiera no! A este no deberías cobrarle, Jessi, ¡este paga en especie y con creces!
    
    Martín se rió de manera ronca por el esfuerzo, sin dejar de moverse.
    
    —La felicito, señora. Su niña tiene un coño de campeonato… de esos que aprietan aunque les hayan metido más tráfico que la A-3 en agosto. ¡Este chocho no se parió… se cinceló!
    
    —¡Pues si hablamos de monumentos, a tu madre deberían hacerle uno en bronce, chiquillo! ¡Menudo rabo te sacó!
    
    La madre, descarada, se acercó unos pasos, como quien se asoma a ver una obra.
    
    —Y qué espalda, hijo mío… ¡Y qué culo más prieto! —dijo, atrevida, mientras le acariciaba una nalga con la yema de los dedos, sin pudor—. Madre mía… esto no se ve todos los días en esta casa.
    
    Notaba el calor ...
    ... bajo la piel tensa de Martín, el músculo duro como piedra viva, y el vaivén brutal de sus glúteos con cada embestida que le metía a Jessi, como si estuviera arando la tierra con la polla.
    
    Martín no se apartó. Al contrario, giró un poco el cuerpo pero sin salirse de Jessi, ofreciéndose casi con recochineo.
    
    —Si quiere inspeccionar de cerca, señora, yo no me quejo. Pero le advierto que estoy ocupado… y me cuesta concentrarme con tantas flores.
    
    Jessi, entre jadeos, protestó débilmente:
    
    —¡Mamá…!
    
    —Calla, niña —le respondió la madre con una sonrisa pícara—. Bastante suerte tienes que este santo varón te haya recogido... ¡y encima con ese camión que lleva por cuerpo!
    
    Martín soltó una carcajada tan profunda como un trueno.
    
    —¡Y todavía no he sacado la carga, señora! Espérese, que esto aún no ha acabado... —soltó Martín, entre risas y con esa voz ronca que parecía arrancada de la caja de cambios de un tráiler.
    
    Justo entonces, desde el salón, se oyó el grito cascado del marido:
    
    —¡Maruja! ¿Dónde coño está el abridor, copón, que la cerveza se me calienta!
    
    La madre de Jessi puso los ojos en blanco y chasqueó la lengua con fastidio.
    
    —Será lo único que calienta… Siempre igual, el muy inútil —murmuró mientras cerraba la puerta con resignación—. En cuanto una se entretiene un poco, ¡hala!, ya está dando por culo.
    
    Y se marchó pasillo abajo, resoplando como si tirara de un carro de la compra lleno.
    
    Martín soltó una carcajada más ronca aún, le guiñó un ojo a ...
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