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Martín el camionero y la prostituta de pueblo
Fecha: 24/01/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
... Jessi y le espetó con sorna: —Como ves, nena… lo bueno se queda dentro, lo aburrido se queda fuera. Martín se recolocó sobre ella como si fuera a aparcar un camión en cuesta. La agarró por las ingles, le abrió las piernas de par en par y, sin más ceremonia, se hundió en ella de un empujón seco que la dejó sin resuello. Retomó su faena con más ímpetu, como un toro en feria, dejando claro que la interrupción sólo había servido para avivar más la marcha. —Agárrate, niña —gruñó él, con esa voz suya de motor gripado—. Que viene curva. El somier crujía como un palé viejo, y la cama se desplazaba milímetro a milímetro por el suelo con cada embestida. Jessi apenas podía respirar, con aquel costillar ancho presionándole el pecho, los brazos bloqueados y los ojos en blanco, como si estuviera siendo arrasada por un bulldozer con barba. El sudor de Martín caía en gotas gordas, como si lo escurriesen de un chubasquero de faena. Apestaba a tabaco, a desodorante barato y a jornada larga al volante. Macho en estado puro. —¿Te va gustando, eh? —jadeó él, mientras le sujetaba la cara con una mano del tamaño de una sartén—. Si esto no te deja nueva, es que estás muerta por dentro. Ella no podía ni hablar. Sólo gemía, medio embobada, sintiéndose invadida, reducida a un cuerpo estremecido bajo la mole caliente de aquel hombre que la cubría como una manta de obra. Martín se inclinó un poco más, haciéndola crujir bajo su peso, y le soltó al oído, entre dientes: —Aguanta, ...
... niña, que aún no te he descargao la mercancía... Y entonces, la puerta se abrió de golpe. Era el niño, con la pistola de agua en la mano, plantado en el umbral como si no llevara media hora dando vueltas por la casa buscando bronca. —¡Mami! —chilló—. ¡La abuela dice que si el señor quiere un kleenex, que se le ve muy sudado! El crío apuntó a Martín con la pistola de plástico y le disparó unos chorritos de agua que le dieron de lleno en la cara, haciéndole incorporar el torso hasta quedar de rodillas mientras se cagaba en todas sus muelas. La escena era tan absurda que Martín no supo si reír o empezar a repartir hostias. —¡Jonathan, fuera de aquí ahora mismo! —gritó Jessi, tapándose el pecho con una almohada—. ¡Pero ya! Martín saltó de la cama como impulsado por un trampolín, completamente desnudo, chorreando sudor y con el rabo en alto como una escopeta de feria. El niño se quedó helado, con los ojos como platos al ver semejante portento viril balanceándose frente a él. Apretó la pistola con ambas manos, paralizado. —¿Tú sabes lo que es esto, enano? —gruñó Martín, señalándose la entrepierna con ese gesto chulo y socarrón tan suyo—. Esto no es una polla, es una herramienta de demolición. Si me vuelves a mojar, te empapelo la frente con un lefazo que te deja peinado pa’ tres días. ¿Te queda claro? El crío retrocedió, apuntando con la pistolita temblorosa como si tuviera delante a Godzilla recién salido del Retiro. —¡Bip, bip! ¡Fuego, fuego! —balbuceó, ...