1. Julia, la farmacéutica


    Fecha: 24/01/2026, Categorías: Hetero Autor: Jano, Fuente: CuentoRelatos

    Desde hace unos meses, he dejado de ir a la farmacia de toda la vida. Aunque me queda algo más lejos, ahora voy a la Farmacia Boscos. Por suerte, necesito pocas medicinas, pero, solo para ver a Julia, voy bastante a menudo. Nunca compro más de una cosa y así tengo la excusa de ir más frecuentemente.
    
    Me fijé en Julia cuando la vi varias mañanas pasar por delante de la carpintería donde trabajo. Hasta hace un año o así, nunca la había visto por el barrio. Aunque no se puede decir que sea especialmente guapa ni tampoco muy joven, su manera de vestir elegante y sexy llama la atención. Suele usar falda corta, de esas que dejan ver los muslos completamente y de las que no permiten resistir la tentación de mirarlas con la ilusión de ver las bragas a la chica. A veces lleva unos pantalones apretados que permiten hacerse una idea de su cuerpo atractivo y deseable. Ella no es demasiado alta y lleva unos zapatos de tacón alto. Eso hace que su andar sea especialmente sensual.
    
    Las primeras veces, la vi por casualidad. Pero al cabo de una semana, ya estaba pendiente de verla pasar, cerca de las ocho y media. Después de estar unos días mirando por la ventana, me decidí a salir a la puerta un poco antes, simulando que hacía algo, de manera que empezamos a saludarnos cada mañana. Me gustó su sonrisa al darme los buenos días y también su voz. Al cabo de un mes o así, un día le dije:
    
    -¿Qué, para el trabajo, verdad?
    
    -Pues sí. Qué remedio. ¡Je, je! Pero veo que usted se pone a ...
    ... trabajar más temprano que yo.
    
    -Sí, antes de las ocho.
    
    -Ya, ya. ¡Buenos días!
    
    -¡Buenos días, señorita!
    
    -Señora, si no le importa ¡je, je, je!
    
    -¡Pues buenos días, señora!
    
    Así descubrí que era una mujer casada. Aunque no me considero un hombre machista, tengo que confesar que me vino a la cabeza la pregunta de cómo es que su marido la dejaba ir así de sexy por la calle. Debo explicarte que yo soy un hombre divorciado. Y reconozco que uno de los motivos por los que mi mujer me dejó es porque soy demasiado celoso y siempre estábamos discutiendo por ese motivo.
    
    Hace unos meses, después de saludar a Julia, cerré la carpintería y la seguí para ver dónde trabajaba. Y así descubrí que era farmacéutica y que estaba empleada en la farmacia de don Boscos, la más antigua del barrio. No hace falta que te diga que en ese momento decidí que esa sería la farmacia donde acudiría a partir de entonces. Y allí fui ya esa misma tarde.
    
    -¡Hombre, el carpintero! ¡Buenas tardes!
    
    -Ah, hola, ¡qué casualidad! ¡Así que usted trabaja en la farmacia!
    
    -Pues sí, así es.
    
    Llevaba una bata muy corta. Me quedé embobado mirándole las piernas. Estaba seguro de que esa mañana iba en pantalón largo, así que pensé que solo llevaba puesta la bata. Noté una erección al fantasear que quizá ni llevaba bragas.
    
    -¡Eh, señor! ¿Que qué quiere? –me pregunta sonriendo porque que se da cuenta de que estaba pasmado mirándole las piernas.
    
    -Ah, sí, esto… perdone… yo…
    
    -Es que hay gente esperando ...
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