1. Julia, la farmacéutica


    Fecha: 24/01/2026, Categorías: Hetero Autor: Jano, Fuente: CuentoRelatos

    ... –sonríe y diría que sube unos centímetros su falda y me muestra mejor sus muslos.
    
    -Esto… una aspirina.
    
    -Un paquete ¿verdad? –y mientras pregunta eso parecería que me mira mi bragueta, como si hubiera dado cuenta de mi erección -¿Un paquete? ¿Sí?
    
    -¿Un paquete? –sí, estoy seguro de que mira mi paquete y crece mi erección.
    
    -¿De aspirinas?
    
    -Sí, sí, claro –noto que me ruborizo.
    
    -¿Un paquete grande o pequeño? –sí, sí, tiene la mirada fija en mi bragueta.
    
    -Pequeño… no, no, grande.
    
    -Ya me lo supuse –y me guiña un ojo pícaramente y diría que se muerde el labio inferior– que usted gasta un paquete grande.
    
    -Sí, sí, gracias.
    
    -A usted, carpintero.
    
    Después pensé que tendría que haber comprado un paquete pequeño y así las gastaría antes, y tendría un motivo para volver pronto a la farmacia. Pero estaba aturdido y por un momento sentí que me preguntaba por mi paquete. Me fui algo avergonzado. Había estado pasmado imaginando su cuerpo desnudo bajo la batita blanca. Luego, por la noche, me hice una paja imaginando que se abría la bata para mí y descubría que debajo no llevaba ni sostén ni bragas. Hasta ese día no había pensado nunca en ella mientras me masturbaba, sino que lo hacía viendo videos porno o leyendo relatos eróticos. Pero desde entonces, siempre me imagino que estoy con ella cuando me hago las pajas.
    
    Por lo que fuera, después de mi primera visita a la farmacia, Julia dejó de pasar por delante de la carpintería. Llegué a pensar que le molestó ...
    ... que la mirara tan descaradamente y que se dio cuenta de que tenía una erección. Claro, al ser una mujer casada no le interesaba entrar en jueguecitos y bromas de ese tipo, y lo comprendo. Debió decidir cambiar de calle para no encontrarse conmigo. Estuve una semana paseando por las calles cerca del taller para ver si me la encontraba, tanto desde las ocho hasta las nueve de la mañana como al mediodía y también cuando pensaba que ya habría salido del trabajo. Pero nada.
    
    Al cabo de siete días, pensé una excusa para ir a la farmacia. Allí la encontré, muy simpática y amable. Y con su batita blanca, que yo diría que todavía era algo más corta. Y entonces me enteré de que ahora iba en coche a la farmacia.
    
    -Mi marido se ha comprado un coche nuevo y ahora tenemos dos. Y claro, para mí me ha quedado el viejo.
    
    -Ya, entiendo –no puedo dejar de mirarle el escote porque no lleva abrochado los tres botones superiores de la bata.
    
    -Ahora las cosas nos van bien en casa. Económicamente, quiero decir. Desde que trabajo en la farmacia… -me esfuerzo en disimular, pero no puedo evitar imaginar su pecho desnudo bajo la bata.
    
    -Claro. Dos sueldos y eso –me fijo que tampoco tiene abrochados los dos botones de abajo y la vista me va a sus piernas.
    
    -Es que gastamos mucho ¿sabe? Tenemos tres hijos y no quiera saber lo que cuesta eso. ¿Usted está casado? ¿Tiene hijos?
    
    -Sí, sí. Bueno, en realidad, estoy divorciado. Pero sí, soy padre de dos hijas. –me hago ilusiones de poderle ver algo ...
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