1. Julia, la farmacéutica


    Fecha: 24/01/2026, Categorías: Hetero Autor: Jano, Fuente: CuentoRelatos

    ... las bragas o el sostén.
    
    -Así ya sabe que nunca hay dinero suficiente. Bueno ¿y qué quiere, don carpintero?
    
    -¿Cómo que qué quiero? Yo… esto…
    
    -¿Qué vino a comprar?
    
    -Ah, sí. Un… no… una…
    
    -¿Qué pasa, Julia? ¿Cómo es que hay tanta cola?
    
    -Señor Boscos, es que… este caballero no…
    
    -Perdone, ya sé… ¡Unas pastillas para el dolor de garganta!
    
    -Un paquete grande, ¿verdad? –sonríe pícaramente mirando mi entrepierna y se inclina para tomar la medicina de un cajón y me muestra mejor aún su escote. Descubro que sí usa sostén.
    
    -Julia, a ver si te das prisa.
    
    -Sí, sí, señor Boscos. Ya está. Gracias, don carpintero.
    
    Me fui avergonzado de la farmacia. Seguro que ella se dio cuenta de que había ido para verla. Y que no cesaba de mirarla con deseo. Además, me sabía mal porque el dueño de la farmacia se enfadó con ella por no servir más rápido a los clientes. Pero al cabo de dos días volví. No necesitaba nada. Decidí comprar preservativos. La verdad es que no sabría con quién usarlos, pero pensé que quizá eso me haría quedar como un ligón y atraería la atención de Julia. Le dije que me aconsejara qué condón era el mejor y ella, en lugar de ruborizarse, muy profesional me recomendó unos que resultaron ser los más caros.
    
    -Aunque yo no los uso, don carpintero.
    
    -Ah ¿usa otra marca?
    
    -No, no, yo no uso preservativo. ¡Me gusta más al natural, je je! –y sonríe mirándome a los ojos . A pelo.
    
    -Bueno… es que yo… claro…
    
    -Sí, ya me imagino que usted, al estar ...
    ... divorciado…
    
    -Pues sí, como…
    
    -… tendrá cada noche una chica distinta…
    
    -Bueno, ja, ja, no… no es que…
    
    -O un chico, que sobre gustos…
    
    -Ah, sí, pero no, no. Me gustan las mujeres.
    
    -¿Un paquete grande? –y de nuevo me mira fijamente el bulto en mi pantalón.
    
    -Esto… sí, sí, claro.
    
    Al cabo de dos días, no resistí volver a la farmacia y pareció que se alegraba de verme. Cuando ya llevaba un rato charlando de tonterías con ella y como siempre volvía a haber demasiada cola, va y me dice.
    
    -Usted sabrá utilizar muy bien su herramienta –sonríe y se relame sin disimulo y mira mi bragueta, con una buena hinchazón.
    
    -¿Cómo? ¿Qué? Yo…
    
    -Al ser carpintero… quiero decir.
    
    -Sí, no, ya, claro.
    
    La conversación se terminó cuando el dueño salió y la riñó por entretenerse demasiado y hacer esperar a los otros clientes. Ella me guiñó un ojo cuando nos despedimos. Y me sorprendió cuando me dijo:
    
    -¡Hasta mañana!
    
    ¿Hasta mañana? ¿Lo habría dicho sin pensar? ¿Por equivocación? ¿O es que quería que yo supiera que le gustaría que volviera al día siguiente?
    
    Y claro, me busco una excusa para ir. Pero no me hubiera hecho falta porque, aunque hay varias personas esperando ser atendidas, cuando Julia me ve entrar, exclama:
    
    -Hola, don carpintero. Viene usted a que le mire la tensión ¿verdad?
    
    -¿Eh? ¿Cómo? Yo…
    
    -Don Boscos, si puede usted salir a despachar, yo voy a mirar la presión arterial a este caballero.
    
    -Vale, vale, ya vengo. Pero no tardes mucho, Julia.
    
    -No, ...