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El viejito en la residencia (2)
Fecha: 24/01/2026, Categorías: Hetero Autor: txuso, Fuente: CuentoRelatos
... Javier. Ella lo pensó unos segundos antes de empezar a caminar hacia él. Se detuvo justo enfrente, a unos centímetros, sin decir nada. Él alargó sus brazos y puso sus manos en la cadera de ella. Elena lo miró seria, pero él no se aminoró y la acercó hacia él colocándola entre sus piernas. No quiero que te vayas – le dijo. Lo sospecho. Javier bajó sus manos a las nalgas de Elena y apretó. Javier, por favor. ¿No te gusta? – Quiso saber él. Sabes que sí, pero no podemos excedernos tanto. ¿Dónde está el límite? En el sentido común. A ese estoy respondiendo – y apretó más aún sus manos. Ella resopló levemente, y Javier subió la bata para poner sus manos directamente sobre sus nalgas, sintiendo su piel en las palmas de sus manos. Contemplaba el rostro de ella sin ver ni un atisbo de rechazo. Elena, por su parte, empezó a desabrochar la bata frente a él, dejándole ver un sencillo pero bonito sujetador. Llevó las manos a su espalda y lo desató, dejando sus tetas libres frente a él. Sus miradas se cruzaron ya envueltas en el completo entendimiento. Javier subió sus manos hasta las tetas de Elena y las empezó a masajear. Llevó su boca hasta ellas y empezó a lamerlas, recreándose en los pezones rosados y erectos. Elena facilitaba el acto de Javier con un movimiento leve, dejándole hacer. Cuando lo creyó oportuno se separó poniendo sus manos en el pecho de él. A Javier le sorprendió este gesto. Ella bajó sus manos despacio por el pecho, el abdomen, hasta ...
... llegar a su entrepierna, comprobando que él estaba completamente dispuesto, esperándola. Con habilidad introdujo sus manos por la bragueta y sacó la polla, masajeándola. Javier sintió como el aire entraba mejor en su cuerpo, denso pero con una eficacia sorprendente. ¿Estás bien? – Preguntó Elena. Perfectamente, quizá mejor – afirmó Javier. Elena mojó su mano llevándola a su boca y volvió a bajarla. El tacto se suavizó en su erecta polla. Un gemido salió de la boca de Javier. Elena lo miró a los ojos sonriente, sabiéndose con todo el poder en sus manos. Empezó a agacharse sin desviar la mirada de sus ojos. Comprobó que él estaba abandonado a ella, casi pudo sentir la enorme admiración que le procesaba en su rostro. Se arrodilló sin dejar de mirarlo, supo que en esa mirada estaba todo lo necesario. Ella pasó la lengua por el glande sin desconectar la mirada. Sabía que él era consciente de lo que le estaba regalando, podía verlo en sus ojos, en su boca entreabierta. Entonces abrazó el glande con sus labios y se deslizó hacia abajo, introduciendo su polla en su boca hasta donde pudo, como haciendo una primera prueba, un primer aviso. Javier apoyó sus brazos en la cama dispuesto a dejarse hacer, había comprendido la situación. Elena, despacio, empezó a entregarse abstraída, haciendo de aquella polla el único lugar del mundo donde asirse. Javier no quitaba la mirada, era incapaz. Admiraba su suerte, la belleza de Elena en esa situación, la propia belleza del momento a ...