1. El despertar sexual de Denisse y Amy.


    Fecha: 25/01/2026, Categorías: Incesto Lesbianas Masturbación Autor: A-relatora, Fuente: SexoSinTabues30

    ... moviéndose por su cuenta, subieron por su espalda, sintiendo las vértebras a través de la camiseta, hasta sus hombros. Ella respondió, sus manos descendiendo desde mi pelo hasta mis hombros, acariciando mis clavículas, luego bajando, con una audacia que me dejó sin aliento, hasta el borde superior de mi pecho, cerca de mis senos. Su pulgar rozó la curva superior de mi pecho izquierdo, justo donde comenzaba. Un gemido más profundo vibró en mi garganta. Arqueé la espalda involuntariamente, presionando mi pecho contra ese toque apenas insinuado.
    
    «Denisse…» susurró contra mis labios, rompiendo el beso por un instante. Su mirada ardía. «¿Puedo…? ¿Puedo ver? ¿La ropa… esa ropa?»
    
    La tanga. Ella quería ver la tanga. La vergüenza intentó regresar, pero fue aplastada por una ola de excitación aún más poderosa. Quería que me viera. Quería que admirara el secreto, la parte de mí que estaba despertando. Asentí de nuevo, incapaz de hablar.
    
    Me tumbé en la cama. La luz de la luna bañó mi torso, iluminando la diminuta tanga negra que parecía más un accesorio que una prenda, tan pequeña era. Cubría apenas lo esencial, las finas tiras laterales se hundían en la piel de mis caderas, y la tira trasera desaparecía entre mis nalgas grandes y firmes.
    
    Amy contuvo el aliento. «Dios, Denisse…», murmuró, su voz llena de una admiración que me hizo sentir poderosa, sensual, como nunca antes. «Es… es preciosa. Tú eres preciosa.» Su mirada recorrió cada centímetro expuesto: la curva de mis ...
    ... pechos, mi cintura breve, las caderas que se ensanchaban, el triángulo negro de seda y encaje que era el foco de todo. «¿Te gusta usarla? ¿Sentirla?»
    
    «Sí,» susurré, sintiendo cómo la humedad aumentaba bajo la tela minúscula solo con su mirada y sus palabras. «Se siente… diferente. Libre. Como un secreto hermoso.»
    
    Su mano, que había estado acariciando mi hombro, descendió. No directamente hacia la tanga, sino en un camino lento, tortuoso. Rozó mi costado, hizo círculos sobre mi cadera, sus dedos jugando con el borde elástico de la tanga negra. Cada toque era una chispa que alimentaba el fuego dentro de mí. Su dedo índice se deslizó bajo la fina tira lateral, tocando la piel sensible de mi ingle. Un temblor intenso me recorrió.
    
    «¿Y aquí?» preguntó, su voz un susurro ronco mientras su dedo presionaba suavemente justo sobre el lugar donde la tela negra se hundía, sobre el núcleo de mi calor. «¿Se siente bien cuando tocas aquí?»
    
    «¡Sí!» El gemido fue involuntario, agudo. Mi cuerpo se estremeció hacia su toque. «Muy… muy bien.»
    
    Su respiración se aceleró aún más. Vi la lucha en sus ojos: la inocencia, la curiosidad, el deseo puro. «Yo… yo quiero sentir,» confesó, su mirada clavada en el pequeño triángulo negro. «¿Puedo… tocarte? Allí. Como tú lo hacías.»
    
    El permiso explícito hizo que algo se desatara dentro de mí. La timidez se mezcló con una expectación feroz. «Sí, Amy. Por favor.» Quité mi mano, que había estado aferrada a su camiseta, y la dejé caer a mi lado, ...
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