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Un Viaje para Olvidar parte 1
Fecha: 28/01/2026, Categorías: Gays Autor: Thiago Luis da Silva, Fuente: TodoRelatos
Un viaje para olvidar Soy Carlos Guerra, 28 años, y mi hermano Alex, de 32, siempre hemos sido uña y carne. Pero la vida, a veces, te da un par de hostias que te hacen tambalear. A los dos nos dejaron nuestras novias casi a la vez, como si el destino se hubiera puesto de acuerdo para jodernos. Así que decidimos largarnos un fin de semana a la casa de la sierra, la que lleva años en la familia, para desconectar, hablar mierda y, con suerte, poner la cabeza en orden. Solo nosotros, una carretera perdida entre pinos y una pickup vieja que olía a gasolina y cuero gastado. El viaje empezó tranquilo. Yo iba de copiloto, mirando por la ventana los árboles que se fundían en un borrón verde mientras Alex conducía, con una mano en el volante y la otra tamborileando el salpicadero al ritmo de una playlist de rock que sonaba bajito. Hablábamos de todo y de nada: el curro, las facturas, lo jodido que es volver a empezar. Pero, como siempre, la conversación derivó a ellas. A nuestras ex. A lo que habíamos perdido. —Joder, Carlos, no me digas que no echas de menos a Laura —dijo Alex, con una media sonrisa, los ojos fijos en la carretera—. Esa tía tenía un coño que... —Para, para —le corté, riéndome, aunque el recuerdo me apretó el pecho—. No me hagas hablar de eso, que el de Marta no se quedaba atrás. Era como... no sé, como meterte en un puto postre. Nos reímos, pero la risa se fue apagando. Los dos sabíamos que hablar de eso era como rascar una herida que aún no cierra. ...
... Seguimos un rato en silencio, solo el zumbido del motor y el crujir de las ruedas sobre el asfalto. Pero entonces Alex frenó de golpe y se salió al arcén, levantando una nube de polvo. Giró la cabeza y me miró fijo, con esos ojos suyos que parecen taladrarte. —No, Carlos. Basta. Hay que pasar página —dijo, serio, con esa voz grave que pone cuando quiere que le escuches de verdad—. Vamos a hacer algo. Como en los viejos tiempos, cuando apenas teníamos veinte. A ver si así te despejas. No entendí a qué se refería hasta que se bajó del coche, dio la vuelta por delante y abrió mi puerta. El aire fresco del bosque me dio en la cara, pero no tuve tiempo de procesarlo. Alex se agachó, me miró un segundo, y sin decir nada, bajó la bragueta de mis vaqueros. Me quedé paralizado, con el corazón a mil, mientras sus manos, rápidas y seguras, sacaron mi polla, que ya estaba medio tiesa solo por la tensión del momento. —Alex, ¿qué coj...? No terminé la frase. Su boca ya estaba ahí, envolviéndome, cálida y firme. Joder, no sé cómo describirlo. Era mi hermano, pero en ese momento no importaba. Era como si todo el peso del pasado se deshiciera en cada movimiento de su lengua. Me agarré al asiento, intentando no gemir demasiado alto, pero era imposible. Cuando sentí que iba a explotar, lo agarré por la nuca, apretando fuerte, y me corrí con un gruñido, descargando todo en su garganta. Alex no se apartó, lo tomó todo, y cuando levantó la mirada, tenía una expresión que mezclaba desafío ...