1. Un Viaje para Olvidar parte 1


    Fecha: 28/01/2026, Categorías: Gays Autor: Thiago Luis da Silva, Fuente: TodoRelatos

    ... y algo más, algo que no supe leer.
    
    No dijimos nada. Me bajé del coche, todavía temblando, y me bajé los pantalones del todo. Me apoyé contra la pickup, con las manos en el capó, el metal frío contra las palmas. Alex no necesitó que le dijera nada. Se arrodilló detrás de mí, y sentí su aliento antes que su lengua, explorando, abriendo camino en mi ojete. Cada lamida era como una corriente eléctrica, y mi polla, que aún no se había recuperado, volvió a endurecerse.
    
    —Ahora, jódeme como entonces —le dije, con la voz ronca, sin pensar demasiado.
    
    Alex no dudó. Se puso de pie, se desabrochó el cinturón con un ruido seco y, tras escupir en su mano, me embistió. El primer empujón me hizo jadear, pero no paró. Sus manos me agarraban las caderas, y cada azote que me daba en las nalgas resonaba en el silencio del bosque. Era salvaje, como si estuviera descargando todo lo que ambos llevábamos dentro. Cuando se corrió, lo sentí llenarme, caliente, profundo, y por un momento el mundo se redujo a eso: él, yo, y el puto bosque alrededor.
    
    Nos vestimos en silencio, con el aire cargado de algo que no sabíamos nombrar. Subimos al coche, y antes de arrancar, Alex me miró.
    
    —¿Sigues pensando en el pasado? —preguntó, con una ceja levantada.
    
    Le devolví la mirada, todavía con el cuerpo vibrando. Sonreí, apenas, y negué con la cabeza.
    
    —Contigo aquí, joder, solo pienso en el futuro.
    
    Puso el coche en marcha, y seguimos rumbo a la sierra, como si nada hubiera cambiado. Pero los dos ...
    ... sabíamos que algo, en el fondo, sí lo había hecho.
    
    El motor de la pickup rugía suave mientras seguíamos subiendo por la carretera serpenteante, con el bosque cerrándose a nuestro alrededor como si quisiera tragarnos. Alex conducía más relajado ahora, con una mano en el volante y la otra apoyada en el reposabrazos, pero yo aún sentía el calor de lo que había pasado en el arcén. Mi cuerpo seguía vibrando, y mi cabeza no paraba de dar vueltas. Ninguno de los dos volvió a mencionar a Laura ni a Marta. Era como si, después de lo que acababa de pasar, nuestras ex se hubieran desvanecido en el aire, como el polvo que dejamos atrás en la carretera.
    
    Empezamos a hablar de los viejos tiempos, de cuando éramos más jóvenes y el mundo parecía menos complicado. Los recuerdos se nos escapaban entre risas y miradas cómplices, como si estuviéramos desenterrando un tesoro que solo nosotros conocíamos. Hablamos de las noches en las que nos colábamos en la habitación del otro, cuando nuestros padres dormían, y nos follábamos el ojete como si no hubiera un mañana. Yo siempre empezaba lento, abriéndolo con la lengua hasta que Alex gemía y me pedía más, pero él era más bruto, me embestía sin piedad, y joder, cómo me gustaba.
    
    —Te acuerdas de cómo te ponías cuando te chupaba los pies, cabrón —le dije, riéndome, mientras miraba su perfil afilado contra la luz que se colaba por los árboles.
    
    Alex soltó una carcajada, esa risa suya que suena como un gruñido. —Joder, sí. Todavía me pones burro ...
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