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Un Viaje para Olvidar parte 1
Fecha: 28/01/2026, Categorías: Gays Autor: Thiago Luis da Silva, Fuente: TodoRelatos
... cuando lo haces. No sé qué tienes con mis pies, pero no te cansas, ¿eh? —Y tú con lo de mearte en mi boca —repliqué, dándole un codazo suave—. La primera vez pensé que era una guarrada, pero luego... joder, no sé, me volví adicto a tragarme tus meos. Es como si me marcases. Nos reímos, pero la tensión en el coche iba subiendo. Los recuerdos nos estaban calentando, y lo notaba en cómo Alex apretaba el volante y en cómo mi polla empezaba a apretar contra los vaqueros otra vez. Entonces, sacó el tema que siempre nos hacía reír y ponernos cachondos a partes iguales: la vez que nuestro padre, Felipe Guerra, nos pilló en el salón de la casa familiar. —Joder, Carlos, todavía me acuerdo de la cara de papá cuando entró y nos vio —dijo Alex, con una sonrisa torcida—. Tú brincando en mi verga, gimiendo como perra en celo, y yo dándote caña como si fuera mi última noche en la tierra. Me eché a reír, pero el recuerdo me puso la piel de gallina. Aquella noche, Felipe no dijo ni una palabra. Pensé que nos iba a echar a patadas, pero en vez de eso, se quedó mirándonos, con esa mirada suya que siempre parecía saber más de lo que decía. Y entonces, sin más, se puso a cuatro patas en el suelo, como si fuera lo más normal del mundo. Yo no me lo pensé dos veces: me acerqué, le metí la tranca en la boca, y él me la chupó como si llevara años esperando ese momento. Alex, mientras tanto, se puso detrás de él y le folló el ojete con una furia que no le había visto nunca. Los dos nos ...
... corrimos dentro de papá, yo en su garganta, Alex en su culo, y cuando terminamos, nos desplomamos los tres en el suelo, sudorosos, jadeando, abrazados como si hubiéramos cruzado una línea de la que no había vuelta atrás. —Nunca hablamos de eso con él después, ¿verdad? —dije, casi en un susurro, mientras la pickup seguía devorando kilómetros. —No —respondió Alex, con la voz más seria—. Pero no hacía falta. Creo que él también lo necesitaba. El recuerdo nos tenía a los dos al límite. Notaba mi polla dura como piedra, y por el bulto en los vaqueros de Alex, él estaba igual. No dijimos más, pero el aire en el coche estaba cargado, como si cada palabra hubiera sido una chispa esperando caer sobre gasolina. Por fin, la casa apareció al final del camino, en un claro rodeado de pinos altos y oscuros. Era una cabaña de madera, vieja pero sólida, con un porche que crujía bajo los pies y ventanas que reflejaban el sol poniente. Alex aparcó la pickup y apagó el motor. Nos quedamos un momento en silencio, mirando la casa, como si supiéramos que lo que venía ahora iba a ser más que un fin de semana para “poner la cabeza en orden”. Bajamos del coche, el aire fresco del bosque nos golpeó, y nos miramos. No hacía falta decir nada. Lo que habíamos empezado en el arcén no iba a terminar ahí. La cabaña se alzaba en el centro del claro como si hubiera crecido del suelo junto con los pinos que la rodeaban. Era una construcción de madera vieja pero robusta, con cimientos de piedra gris ...