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Un Viaje para Olvidar parte 1
Fecha: 28/01/2026, Categorías: Gays Autor: Thiago Luis da Silva, Fuente: TodoRelatos
... que parecían anclarla a la tierra. Cuatro plantas, cada una con su propia historia, como si la casa misma guardara los secretos de la familia Guerra. Subías unos escalones de piedra desgastada para llegar a la planta baja, donde estaba la cocina, con su mesa de roble llena de arañazos y una ventana que daba al bosque; el salón, con un sofá que olía a cuero viejo y una chimenea que aún tenía cenizas de la última vez que estuvimos; y un baño pequeño, con azulejos desportillados y un espejo que devolvía tu reflejo como si te juzgara. Arriba, en la primera planta, había cuatro dormitorios, cada uno con camas de hierro que crujían y colchones que guardaban el eco de noches pasadas. Luego estaba el desván, justo bajo el tejado inclinado, un caos de cajas polvorientas, muebles rotos y trastos que nadie se había molestado en tirar. Y abajo, excavado en la roca misma, el sótano: un espacio frío y húmedo, con paredes de piedra que parecían susurrar si pasabas demasiado tiempo ahí. En un rincón del sótano, había una trampilla de madera vieja, con bisagras oxidadas, que siempre nos había intrigado. Nadie sabía a dónde llevaba. Papá decía que era anterior a la cabaña, que tal vez los primeros que pusieron un pie en este claro la construyeron para algo que nunca nos quiso contar. Alex y yo solíamos bromear sobre abrirla, pero nunca lo hicimos. Había algo en esa trampilla que ponía los pelos de punta. Bajamos las bolsas del coche y las metimos en la casa. Colocamos la compra en la ...
... nevera de la cocina, que zumbaba como si estuviera viva, y revisamos los interruptores para asegurarnos de que la luz funcionaba. Todo estaba en orden, como si la cabaña nos hubiera estado esperando. Entonces, sin decir nada, Alex empezó a quitarse la ropa. Primero la camiseta, dejando al descubierto los tatuajes que le cubrían el pecho y los brazos, esos soles y espirales que parecían brillar bajo la luz tenue. Luego los vaqueros, los calzoncillos, todo al suelo. Desnudo, salió al porche y bajó al claro, con el aire fresco del atardecer rozándole la piel. No lo pensé. Me quité la ropa también, tirando la camisa, los vaqueros y los bóxers al suelo de la entrada. Salí tras él, descalzo, sintiendo la hierba fría bajo los pies. Nos quedamos en medio del claro, rodeados por el murmullo del bosque, desnudos como si quisiéramos que el mundo nos viera tal cual éramos. El sol se estaba poniendo, tiñendo el cielo de un naranja que se reflejaba en los tatuajes de Alex y en mi propia piel. Nos miramos, y sin necesidad de palabras, nos acercamos. Nos abrazamos, pecho contra pecho, nuestros cuerpos encajando como si estuvieran hechos para eso. Entonces, Alex me agarró por la nuca, y nuestras bocas se encontraron en un beso que no tenía nada de suave. Fue intenso, casi salvaje, nuestras lenguas chocando, las salivas mezclándose en un intercambio lascivo que sabía a deseo puro. Mi saliva pasaba a su boca, la suya a la mía, y cada roce era como si estuviéramos marcándonos el uno al otro, ...