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Mi Diablito
Fecha: 01/02/2026, Categorías: Incesto Sexo en Grupo Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
Ruego a quienes lean mis relatos que confíen en cada palabra escrita aquí, ya que se trata de hechos reales que marcaron mi vida. Debido a mi posición social, esta es la única manera que tengo de darlos a conocer. Un día, mi pequeño Simón se acercó a mí con esa sonrisa suya que siempre parece esconder un secreto. Me tomó de la mano y, con voz suave, me confió que había estado jugando a algo que él llamaba “El juego del silencio”, en el que jugaba a tocarse diferentes partes de su cuerpo, lo jugaba con un amigo y una amiga de su colegio, de su mismo curso y que el juego se llamaba así porque era un juego que debía mantener en secreto. Me pareció curioso, incluso gracioso. Miré a Julián, mi esposo, con una chispa de picardía en los ojos, como si compartiéramos una broma privada. Pero su expresión era otra: los ojos bien abiertos, la mandíbula tensa, como si ese pequeño juego —tan inocente para mí— le hubiese golpeado el alma. No dijo nada, pero su rostro hablaba por él. Simón, ajeno a nuestra reacción, continuó contándonos su historia con entusiasmo. Nos explicó que en “El juego del silencio”, se metían a un pequeño armario el y su amiga, mientras que el otro niño se quedaba afuera vigilando, cuando estaba adentro, debía quedarse muy quieto y dejarse tocar por su amiguita en donde ella quisiera, si se movía perdía. Luego, con total naturalidad, nos preguntó si queríamos jugar también. Su inocencia era tan pura. Julián se levantó de golpe, visiblemente alterado, y su ...
... voz retumbó en la sala, quebrando el aire con una fuerza inusitada. —¡Simón, eso no es un juego! —exclamó, caminando hacia nuestro hijo con el ceño fruncido y las manos temblorosas—. ¿Quién te habló de eso? ¿Quién te enseñó ese… “juego”? Simón dio un paso atrás, sorprendido, con los ojos abiertos como platos. Nunca lo había visto así de asustado. Yo me incorporé de inmediato, tratando de suavizar la situación. —Julián, tranquilo… —le dije, colocando una mano sobre su brazo—. Estás asustando al niño. —No, Alma —me respondió, sin mirarme—. Esto no es un juego cualquiera. No entiendes. Yo, apenas podía seguirle el ritmo a su miedo. Simón se aferró a mí. Nunca había visto a Julián en ese estado. Era un hombre sereno, incluso en las peores discusiones mantenía la calma. Pero esa noche, algo en él se quebró. Su mirada no era la del padre protector ni la del esposo racional. Y eso me hizo sentir profundamente incómoda… y nerviosa. Mis manos empezaron a sudar, el corazón me latía con fuerza y, por primera vez en mucho tiempo, no supe qué decir. Me senté en el sofá con Simón en brazos, intentando consolarlo, mientras Julián caminaba en círculos por la sala. —¿Qué pasa, Julián? —pregunté al fin, con la voz temblorosa. —Es solo un juego de niños Él se detuvo en seco. Se volvió hacia mí: —Alma… ¿cómo puedes decir eso? Esa escena fue el principio del fin. No lo supe en ese instante, pero algo se rompió dentro de nosotros esa noche, algo que ya no tendría ...