1. Mi Diablito


    Fecha: 01/02/2026, Categorías: Incesto Sexo en Grupo Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... forma de arreglarse. A partir de ahí, todo cambió. En cuestión de semanas, nuestra relación se volvió una rutina de peleas constantes, miradas frías y silencios que gritaban más que cualquier palabra.
    
    Yo trataba de entenderlo, de verdad que sí. Sabía que Julián actuaba desde el miedo, desde su obsesión por proteger a Simón. Pero su manera de cuidar empezó a rozar la paranoia. Le prohibía al niño jugar con sus amigos, le revisaba los cuadernos, los dibujos, hasta los juguetes. Y conmigo… conmigo se volvió duro, seco, casi militar. Como si yo fuera una amenaza más. Como si no confiar en mí fuera la única forma de mantenernos a salvo.
    
    Intenté hablar, intenté calmarlo, intenté que volviéramos a ser lo que fuimos. Pero todo se convirtió en una lucha, y yo, me fui quedando sin fuerzas.
    
    Eventualmente, fue inevitable. La relación llegó a su punto final. Nos separamos. Tuvimos que acudir a una instancia judicial para definir los términos de la custodia. El acuerdo fue claro: Julián podría ver a Simón los fines de semana. Lunes a viernes, el niño estaría conmigo.
    
    Pero lo que nunca quedó escrito en ningún papel fue lo que comenzó a pasar justo después. Porque esa separación, lejos de lo que pudiera imaginarme, abrió una nueva etapa en mi vida.
    
    Desde que Julián se fue, Simón se mostraba más tranquilo en casa. Había vuelto a sonreír más seguido, a jugar sin sentirse vigilado. Pero algo seguía rondando mi mente como una nube baja, pesada: los juegos. Aquellos que mencionó ...
    ... aquella noche. Durante un tiempo, después de la separación, no volvió a hablar de ellos. Se había cohibido, como si supiera que eran un tema prohibido, como si temiera que yo también reaccionara como su padre.
    
    Una tarde, mientras recogíamos los juguetes en su habitación, me armé de valor y le pregunté directamente:
    
    —Simón… ¿volviste a jugar a “el juego del silencio”? ¿O alguno de esos juegos raros con tus amigos?
    
    Él se quedó quieto un momento. Luego levantó la mirada hacia mí, y asintió despacio, con una mezcla de timidez y orgullo.
    
    —Sí, mamá. Seguimos jugando.
    
    —¿Y cómo se juega? —le pregunté, conteniendo mi nerviosismo detrás de una sonrisa suave.
    
    Simón se iluminó. Me explicó con lujo de detalles, como si me estuviera compartiendo un gran secreto. Sus descripciones eran extrañas, casi rituales, pero la forma en la que hablaba me fascinaba. Nunca imaginé que un grupo de niños pudiera crear juegos con una índole sexual tan acentuada, casi como si fueran pequeños cuentos porno. No había pausa en sus palabras. Había emoción, un tipo de asombro que yo no había sentido desde mi infancia. Me sentí atrapada por la forma en que él lo contaba, como si me estuviera invitando a mirar el mundo a través de otra lente.
    
    Y fue entonces cuando se me ocurrió.
    
    —Simón, ¿por qué no invitas a tus amigos un día a casa? Podrían jugar aquí. Así los conozco y tú puedes mostrarme cómo juegan de verdad.
    
    Su rostro se iluminó de felicidad.
    
    —¿De verdad? ¿Puedo invitarlos? No ...
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