-
Pedro, el mejor amigo de mi marido
Fecha: 05/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: carizzia, Fuente: CuentoRelatos
... nadie”. Me sentí inundada de ternura ante ese gesto, ante tus besos en mis párpados, en mi frente, en mi pelo, tu voz tranquila, dulce y cariñosa, y sobre todo el calor que me ofrecían tus brazos, todo eso me hizo sentir viva, querida y mimada y me gustó esa sensación, alcé mi rostro hacia ti deseando que me besaras, pero tú me sorprendiste diciendo… “Es casi media noche… Será mejor que nos vayamos a dormir… Hoy ha sido un día agotador para ambos”. Me separé de ti y asentí…”La verdad es que sí… Estoy cansada… Buenas noches Pedro… Si necesitas algo llámame”… “Tranquila María… Que duermas bien”. Ya de madrugada sonó el teléfono, me levanté apresurada esperando que tú no te despertaras, “demasiado tarde” pensé cuando te vi asomado a la puerta de la cocina, medio desnudo, cubierto solo de cintura para abajo con una minúscula toalla. Me dijiste “Era una equivocación, ¿quieres un vaso de leche fría? Hace mucho calor” Y yo acepte sin decir ni una palabra, como hipnotizada, sin poder alejarme de ti. Era evidente que acababas de ducharte, imaginarte desnudo me excitó, entonces sentí tu mirada desnudándome y abrasándome la piel, disfruté de la caricia de tus ojos, mientras trataba de beber la leche fría. “Me gusta tu camisón, te favorece ese color” dijiste, y yo como una imbécil añadí “es color berenjena” como si tu no lo supieras, estaba tan nerviosa, que me costaba trabajo respirar pausadamente, tú en cambio estabas tranquilo y relajado, o eso me ...
... pareció. Te acercaste a mí y noté el calor de tu pecho a través del fino camisón, agachaste la cabeza y me susurraste al oído “cariño eres preciosa” yo di un paso atrás, necesitaba apoyar mi espalda, las piernas me temblaban, sabía lo que iba a pasar. Me acorralaste contra la pared, te miré a los ojos y vi la pasión en ellos, tus manos volaron hasta mi cuello acariciándolo con calidez, posándose sobre mis hombros, quedándose un instante allí quietas, para deslizarse después suavemente hacia mis pechos, rozando con el dorso de los dedos mis pezones, ya erectos. El calor y el deseo iban en aumento, olvidándose del pecho tus manos descendieron hasta mi cintura apretándome contra tu cuerpo, mi cabeza cayó hacia atrás en señal de entrega, mis manos deseosas de ti recorrieron tu torso desnudo, tus hombros, tu espalda y al fin se aferraron a tu cuello, mientras mis labios entreabiertos reclamaban un beso. Tu boca se apodero de la mía con caricias en forma de besos suaves, delicados, tiernos y dulces, besos de acercamiento, de conocimiento, después de recorrer mis labios con los tuyos, tu lengua comenzó a acariciarlos de una manera salvaje, el beso se transformó en algo dominante, agónico, posesivo e interminable. Mi entrega ya era total, no te costó ningún esfuerzo sentarme sobre la mesa de la cocina, separar mis piernas, y acariciar mi sexo húmedo con tus manos expertas y todo sin dejar de besarme. Sentí el dolor del deseo entre mis piernas, y con mis manos acaricié tu tallo ...