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Chocolate con colágeno
Fecha: 07/02/2026, Categorías: Infidelidad Intercambios Autor: Tita, Fuente: SexoSinTabues30
... la mitad del suyo consumido. Moisés me llevó cargada a la cama. Sí, él ya quería coger otra vez, y yo también… –¡Cójanme los dos juntos por la vagina, putos, estoy en éxtasis! –les grité. Rogelio apagó su bacha, Moisés se acomodó detrás de mí y, acostándose, me penetró presionándome de los hombros, mientras que mi colágeno, bien fumado, miraba como menso, no sabía cómo entrar. Abrí las piernas y le dije a Rogelio “¡Faltas tú, mi amor! Hasta entonces se puso sobre mí. Le acomodé el falo en la entrada de mi pepa y el negro, sabedor de las dificultades, sacó casi toda su verga para que yo me incrustara la de mi colágeno y resbalaron uniformes y juntas a mi interior. No sé de dónde me sujetaría Rogelio, pero él se puso a mamarme el pecho. Me dijo Moisés que él le puso mi teta en la boca y se adaptó al “mete y saca” de mi amorcito con un “saca y mete” de él, para alternarse y disfrutar el masaje de glandes. ¡Me desmayé de tanto placer! Rogelio ni se dio cuenta y me siguió mamando y cogiendo. El negro sí supo lo que me pasó, pero siguió cogiéndome agarrado de mis hombros hasta venirse y se salió de mí, cuidando de que no nos separáramos Rogelio y yo. Inmediatamente Moisés se fue a mi vagina para abrevar del atole que me escurría. Le chupó los huevos a Rogelio y lamió el tronco que seguía entrando y saliendo de mi pucha hasta que Rogelio se vino y al salirse éste de mí, le chupó la verga flácida para exprimirle el semen que aún quedaba. En ese momento comencé a volver en ...
... mí y recibí un delicioso beso con sabor a lefa. El beso con el que le correspondí al negro hizo que él volviera a tener tiesa la pinga y me volvió a penetrar frenéticamente. “¡Querías verga, mariguana puta!” me decía en cada embestida. Yo sólo movía la cabeza afirmando y abrazándolo para que no se saliera de mí, pero volví a perder el conocimiento y empecé a babear con la boca abierta. Moisés se vino, se salió de mí y me metió su escuálido miembro en la boca para que se lo limpiara. En mi inconciencia me puse a mamar… Despertamos horas después. Yo descansaba en los brazos del negro, recargada, babeando su pecho y lamiéndole el dedo. –¿Qué horas son? –pregunté al verlos cómo sonreían por la manera en que chupaba el dedo de Moisés– Voy al baño –dije tratándome de poner de pie, pero no sé si por el alcohol, la mota o el exceso de orgasmos, estaba mareada y me sentía muy débil de las piernas. A los primeros traspiés, Rogelio me sostuvo y me acompañó al baño. Oriné bastante, pero no quise defecar. Me repuse pronto y, mientras me lavaba las manos, Rogelio se paró frente al retrete para hacer pis. “Yo te la detengo, mi amor”, le dije y empuñé su falo que fue creciendo en mi mano conforme él orinaba. Empezó con un chisquete baboso que se oyó pesado al caer sobre la orina que yo había miccionado y que también estaba con consistencia espesa pues escurrió también el líquido que tenía en mi vagina. Pronto se corrigió la orina y salió el clásico chorro del macho. Se la sacudí ...