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Barro y Exoesqueleto
Fecha: 09/02/2026, Categorías: Gays Autor: Noxia, Fuente: TodoRelatos
... desconcertante. No dolía. No picaba. Era como tocar el mueble de otro, una superficie ajena que cubría lo que una vez fue carne. Se acercó más, conteniendo la respiración, y frunció el ceño. Observó el reflejo durante un largo minuto, buscando en esa imagen una explicación o, al menos, un indicio de normalidad. No se alarmó. No aún. Pensó en el sueño que no recordaba, en el cansancio acumulado de días sin final, en esa persistente sensación de desgaste. Pensó —absurdamente— en una alergia, en una enfermedad exótica, o incluso en la tinta de los papeles con los que había dormido sin querer. En la distancia, desde la cocina, la cafetera chisporroteó con su ruido familiar y cotidiano. Su hermana empezó a toser, como cada mañana, y el sonido atravesó el pasillo con un eco de resignación. Todo parecía seguir su curso, imperturbable, sin sospechar el mundo la extrañeza que habitaba en aquel cuerpo. Gregor se apartó del espejo con cuidado, evitando los reflejos como quien no quiere descubrir la verdad. Se vistió con movimientos lentos, mecánicos, como un autómata que ejecuta un ritual aprendido pero ajeno. Evitaba la mirada que podía devolverle la imagen de su propia transformación, una grieta invisible en la pared de su identidad. Mientras abrochaba la chaqueta, recordó una frase lejana de su infancia, algo que su madre le había dicho sobre la belleza y el cambio, aunque ahora sonaba lejano y vacío. El día volvería a ser largo. 2 ... La casa despertaba a ...
... trompicones, con ruidos tenues y cotidianos que Gregor, acostumbrado a la rutina, casi no notaba: el crujido de las tablas del suelo, el lejano golpeteo de un martillo, el rumor apagado de una voz que hablaba sin dirección. Pero ese día, algo parecía distinto. El aire se espesaba entre las paredes, el silencio era más denso, más lento, cargado de una tensión invisible. Cada sonido parecía dilatarse, como si el tiempo se estirara y se retorciera en un espacio intangible. Su hermana estaba en la cocina, con su figura apenas siendo un contorno contra la luz amarillenta. Cruzaron miradas, un instante fugaz, una sombra que no se quiso nombrar, como un espectro entre ellos. Era la distancia de siempre, pero teñida ahora de un rechazo sutil, casi imperceptible, que pesaba más que las palabras. Gregor salió de su cuarto con la torpeza de quien pisa un terreno extraño, un náufrago que reconoce el agua, pero no el suelo bajo sus pies. Sus pasos resonaban diferentes, amortiguados por una coraza invisible que lo aislaba del mundo. El ruido metálico de sus movimientos llenaba el pasillo con una cadencia ajena. Se detuvo ante el espejo largo, aquel que en otro tiempo le devolvía imágenes familiares, y aunque evitaba su reflejo, no pudo resistirse a un vistazo rápido. La piel nueva, más dura, más tersa, era un secreto que le pesaba y le liberaba al mismo tiempo. Era un velo entre lo que fue y lo que ahora era, una frontera líquida y cruel. En la soledad de su habitación, Gregor volvió ...