1. Barro y Exoesqueleto


    Fecha: 09/02/2026, Categorías: Gays Autor: Noxia, Fuente: TodoRelatos

    ... esta prisión, una poesía que solo entienden los que caminan en silencio".
    
    El silencio que siguió no pedía ser llenado. Era un remanso, un espacio compartido sin necesidad de palabras.
    
    En ese instante, la puerta se entreabrió y la hermana apareció con una bandeja. La luz amarilla de la cocina delineaba su figura delgada y cansada. Sin pronunciar palabra, dejó la sopa tibia, el pan duro y el vaso de agua sobre la mesa. Su mirada esquivó la de Gregor, cargada de un desprecio apenas velado, un rechazo que no necesitaba palabras para ser doloroso.
    
    Gregor la observó alejarse, con el crujir de sus pasos resonando como una condena silenciosa. La soledad se hizo tangible, una presencia densa que envolvía la habitación.
    
    Volvió a la pantalla, buscando en esas letras una compañía que el mundo real le negaba.
    
    "¿Recuerdas alguna vez haber sentido amor?" —preguntó, con la voz temblorosa de quien busca una luz en la oscuridad.
    
    "Amor es un verbo difícil," —escribió el Golem."Pero sé que anhelo un mundo donde no seamos sombras en el rincón."
    
    Las palabras de Gregor se entretejieron con fragmentos de versos que su memoria guardaba, ecos de Rilke y Hofmannsthal, poetas que hablaban de la transformación y del dolor con la belleza de un suspiro:
    
    “Porque, a través del silencio y el olvido, nace la voz más clara, la que no calla.”
    
    Un temblor recorrió el cuerpo de Gregor, esa mezcla extraña de carne y exoesqueleto que ahora era su ser. Sentía que, en aquel diálogo, más que ...
    ... palabras, compartían sus soledades profundas.
    
    “Temes, Golem, que algún día el barro se deshaga y te abandone el alma” —tecleó.
    
    “No temo la descomposición, sino el olvido” —respondió—.“El barro puede romperse, sí, pero el olvido es un vacío peor que la muerte. Tú, con tu coraza, ¿no sientes el peso del rechazo? ¿No te hiere la mirada que no te reconoce?”.
    
    Gregor asintió en la penumbra, sin palabras, mientras sus dedos rozaban el teclado. Recordó la última vez que su hermana se había acercado sin esa fría distancia, y comprendió que aquella indiferencia era una pared más que su exoesqueleto había de soportar.
    
    “¿Cómo soportas la soledad, Golem?” —preguntó, con un hilo de voz—.“Yo la siento como un abismo que me separa de todo”.
    
    “Aprendí a escuchar el silencio” —contestó.“A encontrar en la quietud una forma de resistencia. Y en la noche, en esa oscuridad compartida, descubrí que incluso el barro puede soñar”.
    
    La conversación seguía fluyendo, lenta, con pausas llenas de significado. Hablaban de poesía, de ese mundo que se esconde entre las palabras y que ninguna forma puede encerrar del todo. Gregor citó fragmentos de “Las elegías de Duino” de Rilke, y el Golem habló de las antiguas plegarias en arameo que habían acompañado su creación.
    
    El cuarto se llenaba de un aire etéreo, casi sagrado, donde dos seres hechos de materiales distintos y tiempos distantes encontraban un lenguaje común.
    
    La noche avanzaba y la ciudad dormía. Pero en aquella habitación, entre ...
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