-
Barro y Exoesqueleto
Fecha: 09/02/2026, Categorías: Gays Autor: Noxia, Fuente: TodoRelatos
... la fragilidad del barro y la dureza del exoesqueleto, comenzaba un diálogo que no buscaba respuestas, sino la simple aceptación. 4 ... El Golem surgió lentamente del laberinto de calles angostas y empedradas de la Judería. Su cuerpo de barro, todavía húmedo, reflejaba la luz mortecina de un sol que se esforzaba por abrirse paso entre las nubes de humo y vapor que flotaban en la atmósfera. Cada movimiento suyo provocaba un leve crujido, el barro reseco que formaba su piel cediendo con lentitud a cada paso. A pocos metros, Gregor Samsa lo esperaba, erguido, con su extraño cuerpo insectoide que desentonaba en la escena urbana. Sus antenas, finas y articuladas, vibraban con movimientos imperceptibles, roces mínimos contra la esquina de una farola de hierro forjado que exhalaba una débil luz azulada, gas que susurraba un leve siseo. Su piel, un mosaico de placas porcelánicas, reflejaba los primeros rayos filtrados. Cuando una de sus antenas rozó la farola, un pequeño chispazo eléctrico cruzó el aire, tan sutil que sólo sus ojos, oscuros y profundos, lo registraron. Sin prisa, pero sin pausa, se aproximaron el uno al otro, con la solemnidad de dos seres que reconocen una historia antigua e inevitable. El Golem extendió un brazo robusto, con dedos imprecisos y gruesos que no se flexionaban como manos humanas, sino que terminaban en una garra tosca. Samsa, con la delicadeza de quien cuida una herida invisible, alargó su mano, la única que conservaba movilidad ...
... flexible, y se entrelazaron en un apretón que fue un ritual, una afirmación de existencia más allá del miedo ajeno. Los ojos de la ciudad parecían posarse en ellos con una mezcla de sorpresa, miedo, y repulsión disfrazada de indiferencia. A lo lejos, sobrevolando el río Moldava, un zepelín surcaba el cielo gris, con su estructura metálica crujiente, y en las calles, carruajes emitían vapor y silbidos que parecían marcar un tiempo suspendido entre siglos. El aire olía a carbón quemado, pan recién horneado, y algo metálico, producto de las máquinas que no cesaban su ruido constante, formando un fondo sonoro que se mezclaba con el murmullo de la gente. Mientras avanzaban, Samsa notó el rechazo disfrazado de cortesía que los transeúntes les dirigían. Una mujer de mantilla apartó la mirada con un gesto sutil, pero evidente, como si los tocara un aura invisible y contagiosa de inquietud. Un hombre mayor, apoyado en su bastón, frunció el ceño y murmuró algo a su compañero, quizá una oración, o una advertencia. Un niño pequeño, con la inocencia que sólo la infancia permite, los siguió con ojos abiertos de asombro y miedo, con su mano agarrando con fuerza la manga de su madre, que apuraba el paso. El Golem caminaba con lentitud, pesado pero firme, con la textura del barro que se iba secando en el contacto con el aire, y que a cada paso perdía pequeñas escamas que caían al suelo con un sonido casi imperceptible, polvo de tierra que parecía desvanecerse antes de tocar el empedrado. ...