1. Antonio el camionero se folla a la Jessi (II)


    Fecha: 10/02/2026, Categorías: Incesto Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos

    ... folla, mujer. No como tu hombre, que parece que te bendice en vez de clavártela.
    
    Ella, entre jadeos, no pudo más que asentir, con la cara encendida y los ojos húmedos, sintiendo que se la estaba llevando de viaje un cipote que no sólo la llenaba: la marcaba.
    
    Mari Carmen empezó a gemir más fuerte, con las uñas clavadas en la fornida espalda del camionero, hasta que un espasmo le recorrió todo el cuerpo. Se le encogieron las piernas, apretándole la cintura, y un jadeo ahogado salió de su garganta. Antonio sonrió satisfecho, acelerando las embestidas como un potro desbocado hasta que, con un gruñido grave, descargó dentro la poca leche que le quedaba, empapando aquel coño maduro con una corrida caliente pero no demasiado abundante.
    
    Se dejó caer un momento sobre ella, recuperando el aliento, y entonces, con esa crueldad socarrona que le era tan suya, murmuró junto a su oído:
    
    —Está bien pa’ la edad que tienes… pero no veas cómo ordeña el coño de tu niña. Ese sí que está apretadito y suave, como pan recién hecho…
    
    Ella abrió los ojos como platos, helada por el comentario, y Antonio remató la puñalada:
    
    —De hecho, ahora mismo tu marido lo está catando. A lo bruto, además… se les oye desde el pasillo.
    
    La mujer soltó un grito de rabia, apartándolo de encima con una fuerza repentina e inquietante, y se incorporó de un salto. El camisón se le enredó en las piernas, pero no le importó; salió de la habitación tambaleándose, furiosa, con las tetas bamboleando bajo la ...
    ... tela ligera. Antonio se levantó también, completamente desnudo, siguiéndola con una sonrisa traviesa. Él no buscaba detenerla, sino todo lo contrario: esperaba ver la pillada como quien espera fuegos artificiales.
    
    Y no se hizo esperar. La mujer abrió la puerta de la habitación de su hija y allí estaba la escena: Ramón, sudoroso, empujando encima de la muchacha, con las rodillas clavadas en el colchón y la cara desencajada de placer. Jessi, con el pelo revuelto y la cara roja, gemía con la boca abierta.
    
    —¡Cerdo! ¡Animaaaaaaaaal! —chilló la mujer, lanzándose hacia la cama.
    
    En un segundo, el cuarto se llenó de voces, gritos y empujones. Padre, madre e hija discutiendo, insultándose, forcejeando como en una pelea tabernaria. Antonio, mientras tanto, se agachó sin prisa, recogiendo su camiseta arrugada del suelo, luego los pantalones y los calzoncillos. Se vistió con la calma del que ya ha ganado la partida, gozándose el numerito como si fuera la mejor sobremesa de su vida.
    
    Terminó de ajustarse el cinturón y salió de la habitación, escuchando de fondo cómo los tres se tiraban a degüello con los gritos cruzados. Sonrió para sí mismo, ese gesto ladeado de quien sabe que deja atrás un incendio que tardará en apagarse.
    
    Antonio cruzó el pasillo sin mirar atrás, recogiendo del salón un puro de la caja de Don Ramón que había quedado abierta junto a la botella. Salió al fresco de la noche, encendió el Cohiba y lo saboreó con calma mientras caminaba hacia el camión.
    
    —Ni un ...