1. Antonio el camionero se folla a la Jessi (II)


    Fecha: 10/02/2026, Categorías: Incesto Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos

    ... por el tercer vaso de vino, se reía con una risa seca, de fumadora con historia.
    
    —Antonio tiene una herramienta que no es normal, ¿eh? Eso no es una polla, eso es un brazo de gitano sin nata. Cuando se la ha sacao esta tarde pensé que se nos había metido un toro en la casa.
    
    —Bah, exagerá —dijo él, pero con el pecho hinchado de orgullo—. Una polla de camionero, de las de toda la vida. De las que hacen sombra.
    
    —¿Tú te crees, papá? —saltó Jessi, riéndose a carcajadas, con el vaso de vino en la mano—. Cuando me ha metido la puntita ya creí que me había aplastado hasta los ovarios, ¡vamos! Que dije: madre mía, eso me ha llegado al estómago.
    
    Su padre se quedó mirándola con media sonrisa torcida, incómodo pero sin levantar protesta. Permanecía en sus ojos esa resignación de hombre de pueblo que ya se ha acostumbrado a vivir en un universo paralelo, donde su hija le suelta burradas de ese calibre durante la cena como si hablara de las rebajas del Mercadona. Dio un sorbo al vino, movió el vaso en la mano y murmuró con voz ronca:
    
    —Pues ya ves, hija… será que el tío viene bien servido…
    
    Y mientras lo decía, la mirada se le quedó un poco perdida, como si viera la escena delante suya otra vez, con el camionero sujetando a su niña y plantándole semejante tranca. Notaba una punzada rara en el pecho: por un lado, el coraje de padre, ese orgullo dolido; por otro, un calor sucio en la tripa, como el que da el vino fuerte cuando baja ardiendo. Y en el fondo, aunque le daba ...
    ... vergüenza admitirlo incluso para sí mismo, una envidia soterrada: la rabia muda de saberse con una herramienta normalucha, en la media, y de oír a la hija describir con risas cómo otro la había dejado empotrada de sólo asomar el morrillo.
    
    Movió la cabeza despacio, como quien intenta espantar un pensamiento, pero no lo conseguía del todo. En el fondo, aquellas palabras lo encendían, le removían algo. Y la forma con la que lo contaba Jessi —tan fresca, tan canalla, con ese desparpajo barriobajero— le hacía sentir que todo aquello formaba parte de la normalidad de su casa, como el olor a fritanga o la tele vieja encendida de fondo.
    
    —Ya te digo, papá… —remató la joven prostituta, sacando la lengua con guasa—. Si con la puntita ya me dejó medio doblada, imagínate cuando me la metió entera… creí que me la iba a sacar por la espalda.
    
    El padre tragó saliva, carraspeó y se sirvió otro chorro de vino, como si el tinto fuese a tapar la mezcla de vergüenza, morbo y envidia que le estaba revolviendo el cuerpo.
    
    —Bueno… mientras estéis todos contentos…
    
    —¡Y follaos! —remató la madre, dando una palmada en la mesa—. Que eso es salud.
    
    Antonio levantó su vaso con gazpacho.
    
    —Pues brindemos, coño. Por la familia, por las tortillas con cebolla, y por los coños bien follaos.
    
    —¡Salud! —respondieron todos, como si brindaran por el bautizo del niño.
    
    En ese momento, desde el otro extremo de la mesa, carraspeó la abuela, que hasta entonces había estado callada, desmenuzando pan con ...
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