1. La familia del marido de mi hermana (16)


    Fecha: 11/02/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Alfonso, Fuente: TodoRelatos

    ... sonrió amablemente.
    
    - ¿Tienes alguna habitación que sea mejor que el resto? – le pregunté.
    
    - No. Lo siento. Son todas iguales – hizo un gesto con la cara, y añadió – y quizás un poco cutres para ustedes.
    
    No le había pasado desapercibida la elegancia de Sara, a pesar de ir tapada con la capa. Se volvió para coger una llave de los casilleros y me la puso encima del mostrador.
    
    - El motel ya es viejo y está habitación es la que se encuentra en mejor estado. – me dijo con algo de pena.
    
    - Gracias. Me servirá.
    
    Le pagué y cogí la llave, y le encargué que nos llevará una botella de cava con dos copas. Cuando regresé a la terraza, Sara se había vuelto a poner la peluca y la capa. Salimos por el bar sin pasar por la recepción y montamos en el coche para recorrer los metros que nos separaban de la habitación.
    
    Había cuarenta habitaciones construidas formando una “ele”. Treinta estaban alineadas con la recepción, con sus respetivos aparcamientos delante y las otras diez continuaban en ángulo recto formando la ele. La llave que me dio era la número cuarenta, la última. Aparcamos frente a la puerta viendo que no había ningún coche más aparcado en las otras nueve. Parecía que íbamos a estar solos y aislados.
    
    Entramos a la habitación y efectivamente, era bastante cutre, todo excepto la cama, que era de dos por dos y parecía tener un grueso colchón. Un par de mesillas de noche a ambos lados de la cama, simples y rudimentarias. Un armario de dos cuerpos a un lado, con ...
    ... espejos de cuerpo entero pegados a las puertas y una cómoda estrecha, con un espejo encima de ella era todo el mobiliario, además de un par de sillones con una mesa redonda en la parte trasera de la cama.
    
    Todo el material se veía viejo, pero limpio. Vi la cara que ponía Sara y sonreí.
    
    - Supongo que estás acostumbrada a sitios más lujosos, pero querías ir a uno donde no te encontrarás con nadie conocido.
    
    - No, no. Está bien. – se apresuró a contestar mirando la habitación.
    
    Se sentó sobre la cama y botó sobre ella, como comprobando la dureza del colchón. Al momento se oyeron unos toques en la puerta, y Sara se puso de pies con cara de susto.
    
    - No te preocupes, es que he pedido cava. Pensé que te gustaría tomar unas copitas.
    
    - Si que me gusta pero, ¿Va a entrar el camarero?
    
    - No. Lo deja en la puerta y se va. Ahora lo recojo. – noté cómo se le relajaba el rostro.
    
    Abrí la puerta y recogí la cesta que había dejado con la botella y las dos copas. La puse sobre la mesa que había entre los dos sillones y la abrí. Sara se quitó la peluca y la capa, y admiré de nuevo su hermoso cuerpo embutido en el vestido de licra. La luz amarillenta daba un tono más romántico a la vieja y cutre habitación. Le pasé una copa llena y yo cogí la otra.
    
    - ¿Brindamos? – sugerí.
    
    - Vale. ¿Por qué brindamos?
    
    - Te parece bien por… ¿una buena amistad sin celos ni reproches?
    
    - Jajaja, no soy celosa, ni te pensaba reprochar nada.
    
    Me pasó una mano por el cuello y yo agarré su ...
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