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La familia del marido de mi hermana (16)
Fecha: 11/02/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Alfonso, Fuente: TodoRelatos
... cintura. - Bueno, pensaré en otra cosa. – la besé mientras debatía en mi cerebro otro brindis más atrevido. Después del intenso beso nos miramos sonrientes y felices. - ¿Ya has pensado en otro brindis? – me preguntó con su mirada limpia y su boca seductora. - Si. – contesté con un solo monosílabo y mi sonrisa de cabroncete. - Pues dilo. – me apremió. - Por que disfrutes del sexo hasta los limites que nunca hubieras imaginado. Su preciosa sonrisa se fue ampliando con suma lentitud hasta dibujar la picardía que escondía su rostro. - ¿Me llevarás a… esos límites? - Poco a poco, y solo si estás dispuesta. - Estoy dispuesta, y no quiero esperar. Soltamos las copas después de apurar el cava que contenían y nos agarramos con ganas para fundirnos en un beso arrollador y lujurioso. Me sorprendió que besara bien, pues solo debía de saber lo que el cerdo de su marido le habría enseñado, y por lo menos eso, se lo había enseñado bien. Me rodeó con sus brazos acariciando mi cabeza, brazos y espalda como si le faltase tiempo para hacerlo. Yo la rodeé con los míos agarrándola de sus redondos glúteos y clavando mis dedos en ellos. La fina tela me permitía sentir su carne dura y vibrante, y también la tremenda excitación que derrochaba por todos los poros de su cuerpo. Nos robamos y nos restregamos como dos adolescentes con las hormonas en plena ebullición. Sus voluptuosos labios abrazaban los míos como una manta de jugosa y húmeda carne y su lengua ...
... recorría mi boca cómo una víbora enloquecida. No fue difícil subirla el vestido hasta dejarle el culito al aire. Ella estaba de espaldas al armario con espejos y deleité la vista, a la vez que se lo tocaba, con esos dos hermosos globos de carne que se apretaban ocultando la tira del tanga. Los apreté con ganas y tiré de ellos hacia los lados para abrir la preciosa raja. La carne vibraba entre mis dedos y su excitación se desbocaba a cada cosa que le hacía. Ya se restregaba contra mi polla de manera incontrolada mientras gemía sin dejar de devorarme la boca. Era como una fiera que acababan de sacarla de la jaula. Bajó una de sus manos, inquieta y temblorosa, hasta la bragueta de mi pantalón. La abrió para palpar el bulto que había crecido de nuevo y lo apretó con fuerza. - Aaaaaag… - la oí casi rugir - ¡Métemela! ¡Métemela! Estaba como loco por meterla en ese chochito, pero quería que se excitará más, que lo deseara más, llevarla hasta el limite, como le había prometido. - No hace falta correr. – le susurré sabiendo que eso aumentaría su desesperación – Solo, déjate llevar. Subí las manos para bajarle los tirantes del vestido de licra negro. Descubrí sus hermosos pechos tan solo cubiertos por el pequeño sujetador, también negro y con transparencias. Los gruesos pezones destacaban bajo él como dos puntas de lanza queriéndolo atravesar. Había dejado caer sus brazos y se dejaba hacer sumisa, pero con la respiración agitada y una excitación que la enajenaba. Le ...