-
Historia de un secuestro 1
Fecha: 14/02/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: jtm1111, Fuente: TodoRelatos
Salió a pasear a su perro. Recordó que cuando lo compró para sus hijos estos le prometieron que lo cuidarían ellos, pero el encargado de pasearlo al final fue él. Sonrió para sí mismo. Al menos pasear al perro le daba una excusa para salir de casa todos los días y poder visitarla a ella sin que nadie se enterase. A ella. La idea al principio parecía sencilla. Un secuestro al azar, un secuestro rápido de unos días como mucho hasta recibir el dinero y soltarla sin que esta fuera capaz de reconocerlos. Bueno, sencilla. Ahora mismo no sabía decir en qué momento les pareció sencilla la idea de secuestrar a nadie para aliviar sus problemas económicos, pero él y su amigo se encontraron al día siguiente de buena mañana en una furgoneta esperando. Ella no tardó en aparecer por la esquina. Se dieron cuenta enseguida de que era la presa perfecta. Una perfecta hija de papá. Fue fácil, demasiado fácil y sencillo. En un abrir y cerrar de ojos ella estaba atada y amordazada, lista para ser arrojada en la parte trasera de la furgoneta. — ¿Dónde… dónde la llevamos? Llevaban un tiempo sin hablar entre ellos. Su compañero simplemente conducía sin aparente rumbo fijo. — Primero a desayunar. Luego ya veremos. Recordó la escena que se desarrolló en el restaurante. Pan con tómate y jamón, zumo de naranja, como si todo fuera un día normal. Pero no era para nada normal. Dejó el desayuno a la mitad y volvió a la furgoneta. Ella seguía en la parte de ...
... atrás. Ahora podía verla bien. Joven, universitaria seguramente, con buen cuerpo, pelo largo y negro. Y completamente indefensa. Se fijó en sus piernas desnudas. Desde siempre le habían atraído las piernas y en especial los muslos de las mujeres. Deseo poder tocarlos y acariciarlos, sentirlos como suyos. Giró la cabeza. — No te preocupes, no vamos a tocarte. En cuanto pague tu padre estarás libre. Esto fue una chorrada porque ella no podía oírle, pero se sintió bien consigo mismo. Se encendió un cigarrillo y abrió la ventana. Volvió a girar la cabeza para volver a mirarle las piernas de nuevo. Suspiró. Debía quitarse esas mierdas de la cabeza. Su compañero no tardó mucho en llegar. — Ya sé a dónde la vamos a llevar. ¿Sigues teniendo tu terreno? — Sí. — Tiene una cama, está aislado y apartado. Es perfecto para unos días. El simplemente dió unas cuantas caladas más mientras la furgoneta arrancaba de nuevo. La cogió en brazos para meterla dentro, como si fuera su esposa. — Recuerda no quitarte el pasamontañas, que no te vea la cara. Se fue dejándolos solos. Recordó cómo la ropa de la chica se deslizó por sus muslos hasta el final, hasta mostrar su ropa interior. Tras dejarla en la cama la encadenó a la pared gracias al collar que le había colocado y liberó sus manos. Lo primero que hizo antes de mirarle fue subirse la falda. No había odió ni furia en su mirada. — No te preocupes, no vamos a tocarte. En cuanto ...