-
Todo comenzó con un beso 9
Fecha: 14/02/2026, Categorías: Incesto Autor: Mandarina, Fuente: TodoRelatos
¡Holaaa mis amores! 💋 Solo quería decirles algo rápido pero muy de corazón: LOS AMO. En serio. Cada vez que me mandan un mensajito, me derrito. Me emociono como loca, los leo todos, y más de una vez me han sacado una sonrisa... o algo más, jeje. 😏 Me encanta saber que están ahí, que sienten lo que escribo, que se meten tanto como yo en cada historia. Me motivan, me inspiran, me calientan el alma y... bueno, también otras cosas 😘 Así que no paren, ¿ok? Sigan escribiéndome, cuéntenme qué les gustó, qué parte los dejó sin aire, qué quieren que pase después. Todo. Estoy acá leyendo cada cosa que me mandan con el corazón latiendo rapidito. ¡Besos enormes a cada uno! Después de esa noche —la noche en que rompimos todas las reglas— algo cambió en Sebastián. En los días que siguieron, ya no me esquivaba. No más sermones, no más silencios fríos. Ahora me hablaba. No como antes, como ese hermano mayor que intentaba mantenerse a raya. No. Me hablaba como hombre. Como alguien que aceptó lo que hicimos. Como alguien que lo deseaba tanto como yo. Todo seguía siendo secreto, claro. Teníamos que cuidarnos. Pero en vez de hacernos sentir culpables, eso lo volvía todo más caliente. Yo salía de bañarme y lo encontraba esperándome en la cocina. Se acercaba, me decía “se te ve linda la toalla” y me besaba sin previo aviso, con una urgencia que me hacía apretar las piernas. A veces pasaban horas sin vernos, y bastaba un roce de manos en la escalera para que supiera que él ...
... también estaba desesperado. Que lo estaba pensando. Que me estaba pensando. Y cuando nuestros padres no estaban o se distraían, se desataba el infierno. Una vez, fingí que iba a limpiar el baño y él me siguió. No pasaron ni dos minutos antes de que me tuviera contra el lavamanos, tapándome la boca para que ellos no escucharan mientras me cogía con fuerza. Otra vez, en su cuarto, mientras ellos estaban en la sala viendo una película, lo monté en silencio sobre la alfombra, mordiendo mi puño para no gritar. Era peligroso. Era absurdo. Pero era adictivo. Y yo, bueno… yo estaba enamorada. Me costaba admitirlo, incluso a mí misma. Pero lo estaba. No solo era el sexo. Era él. Esa forma en la que me veía cuando pensaba que nadie lo notaba. La manera en la que me pasaba un brazo por la cintura en la cocina, como si fuera normal. Como si fuera suya. Ese fue el contexto cuando un día, justo antes de cenar, se acercó y me dijo algo que jamás en mi vida me hubiera imaginado. —Oye —dijo, casi susurrando mientras revisaba su celular—. Voy a tener un viaje. —¿A dónde? —Puerto Vallarta. Cuatro días. Me invitaron unos amigos. Y quiero que vayas conmigo. Lo miré con la boca entreabierta. No supe qué decir. Mi cerebro intentó reaccionar, pero no podía procesar lo que estaba oyendo. ¿Me estaba invitando a un viaje? ¿Él? ¿Con sus amigos? —Nunca los he visto —le dije, todavía pasmada—. A tus amigos. Nunca me los has presentado. Sebastián sonrió con una calma ...