1. Todo comenzó con un beso 9


    Fecha: 14/02/2026, Categorías: Incesto Autor: Mandarina, Fuente: TodoRelatos

    ... llevaba un short tan corto que parecía más una idea que una prenda. Y el top… bueno, apenas cubría lo básico.
    
    No lo hice por el calor. De hecho, esa mañana hacía algo de frío. Lo hice por él. Si íbamos a estar trece horas en el coche juntos, mínimo quería que esas trece horas fueran una tortura visual para él. Una dulce tortura que no pudiera ignorar. Que lo hiciera endurecerse mientras yo fingía no notarlo.
    
    Y sí que funcionó.
    
    Llevábamos unas tres horas de camino cuando todo se alineó. Carretera libre, sin autos cerca, sin casetas por delante. Yo me desabroché el cinturón como quien no quiere la cosa y me incliné sobre su regazo.
    
    —¿No te molesta estar tantas horas manejando? —le pregunté, con voz dulce, bajita, mientras mis dedos deslizaban el cierre de su pantalón.
    
    Él giró apenas la cabeza, sonriendo, sin dejar de mirar la carretera.
    
    —¿Treces horas contigo? ¿Crees que me molesta?
    
    —Pues prepárate, bebé… —le susurré—, te voy a dar las mejores trece horas de tu vida.
    
    —¿Ah, sí? —se rió, acomodándose un poco en el asiento—. ¿Y qué tanto tienes planeado?
    
    —Pues mira —respondí, sacándole la verga con cuidado, ya dura, ya palpitando solo con el contacto de mis dedos—, te la voy a mamar hasta que se me acalambre la boca… o tú termines, lo que pase primero. Y luego, te la vuelvo a mamar.
    
    —Coño, Dafne… —dijo entre dientes, moviendo una mano del volante a mi nuca—. No me lo digas dos veces.
    
    No lo dije más. Me lo metí en la boca como quien saborea un ...
    ... secreto. Despacio al principio, lamiendo la punta, sintiendo cómo se estremecía con cada roce. Él soltó un suspiro largo, grave, mientras se apretaba al volante con más fuerza.
    
    —¿Te dije ya que este viaje es la mejor idea que he tenido? —murmuró.
    
    No contesté. No podía. Tenía la boca llena.
    
    Lo saboreé con ganas, sintiendo cada vena, cada espasmo. Él intentaba concentrarse en el camino, pero su respiración se aceleraba y soltaba gemidos bajos que me excitaban más que cualquier cosa.
    
    —Mierda, Dafne… —dijo de pronto—. Vas a hacer que me venga en la puta autopista.
    
    Saqué la boca solo un segundo para reírme.
    
    —¿Y eso estaría mal?
    
    —No, pero no me quiero matar todavía.
    
    Me reí otra vez y volví a lo mío, esta vez con más ganas. Lo metí todo, hasta el fondo, mientras mis dedos le acariciaban las bolas con suavidad. Él me soltó un “puta madre” entre dientes y luego un “así, así, no pares”.
    
    Yo tampoco quería parar.
    
    Aceleré el ritmo, dejándome llevar por sus gemidos, por la forma en que sus caderas se movían apenas, conteniéndose. Y cuando noté que se tensaba, que estaba a punto, paré de golpe y me senté derecha, sonriendo como si nada.
    
    —¿Qué haces? —preguntó, jadeando.
    
    —No quiero que acabes todavía —le dije, cruzando las piernas despacio—. Apenas van tres horas. Nos quedan diez. Quiero aprovechar.
    
    Él me miró, frustrado y caliente, con la verga empapada.
    
    —Eres una maldita diabla —dijo.
    
    —Lo soy —respondí, inclinándome otra vez—. Pero soy tu ...
«1234...»