-
Todo comenzó con un beso 9
Fecha: 14/02/2026, Categorías: Incesto Autor: Mandarina, Fuente: TodoRelatos
... diabla. Esta vez, no fui lenta. Me lo tragué de una, sintiendo cómo se arqueaba, cómo murmuraba mi nombre entre dientes, cómo temblaban sus muslos. Su mano volvió a mi cabeza, presionándome apenas, guiándome con cuidado mientras yo lo llevaba al borde. Mis mejillas ardían. Tenía la garganta llena de él y no quería soltarlo nunca. —Daf… ya voy, Daf… —me advirtió con voz ronca. No me aparté. Lo sentí explotar en mi boca, caliente, espeso, interminable. Me lo tragué todo sin pausa, saboreándolo como si fuera lo que más había deseado en mi vida. Y cuando terminé, me relamí los labios y me volví a acomodar en el asiento, como si nada hubiera pasado. —¿Todo bien, amor? —le pregunté, con tono inocente. —Hija de puta… —susurró, medio riendo, medio resoplando—. Vamos a chocar. —No todavía —dije, cruzando mis piernas de nuevo para darle algo que ver—. Te quedan diez horas para sobrevivir. Y créeme, no he terminado contigo. Él solo negó con la cabeza, pero no podía dejar de sonreír. Y yo, bueno… yo solo pensaba en la siguiente parada. Después de eso, cantamos un rato. Una playlist compartida, algunas canciones que sabíamos de memoria, otras que solo fingíamos conocer para no romper el momento. Nos reímos, desafinamos a propósito, hicimos voces tontas. Él me miraba de reojo y yo no podía dejar de sonreír. Por unos minutos, parecíamos eso que nunca dijimos en voz alta: una pareja. No dos locos escondiendo algo, sino un par de idiotas enamorados en una puta ...
... carretera con el mundo entero allá afuera y solo nosotros acá dentro. Pero, claro, eso no iba a durar mucho. No con su verga aún semi erecta en mis pensamientos. Esperé a que él se relajara. A que el momento bajara un poco. Que creyera que ya había tenido su premio y que el resto del viaje sería solo música y risas. Y justo cuando lo vi soltar un suspiro, satisfecho, inocente, le puse la mano otra vez en el muslo. Él me lanzó una mirada rápida. —¿Otra vez? —¿Qué? —le dije, sonriendo con descaro, mientras mis dedos ya bajaban hacia su cierre—. ¿Creíste que estaba jugando? —No mames, Dafne, espérate —dijo con una risa nerviosa, medio incrédulo. —¿Esperar? Me tuviste años entera, babeando por este tesoro y sin darme ni una probadita. Ahora me lo voy a comer todito, así que tú solo relájate y ponte cómodo… déjame encargarme. No dijo nada más. Solo apretó el volante. Su silencio era permiso. Sin más charla, sin rodeos, bajé la cabeza y volví a encontrarme con su verga, ya semi dura, cálida y latente, como si no necesitara demasiado para revivir. Y yo tampoco tenía apuro. La primera vez lo hice rápido, intensa, porque necesitaba saciarme, porque la adrenalina del momento no me había dejado pensar. Pero esta vez… esta vez quería saborear. Me incliné más despacio, más tranquila. Lo saqué con cuidado, notando cómo su piel reaccionaba a la mía. Le di un par de besos suaves en la punta, escuchando su respiración volverse pesada. No hablé más. No me reí. Solo ...