1. Donde termina la familia


    Fecha: 15/02/2026, Categorías: Incesto Autor: Shrink2b, Fuente: TodoRelatos

    ... urgentes.
    
    (Mariana): "¿Qué harías si me meto a tu cuarto sin avisar?"
    
    (Fabián): "Cerrar la puerta… con llave."
    
    Ella miró el mensaje, sintiendo un latido acelerado entre las piernas. Sabía que era una locura. Sabía que no había vuelta atrás.
    
    Pero también sabía que si no lo hacía, pasaría el resto de su vida preguntándose ¿qué habría pasado?
    
    Fabián dejó la puerta entreabierta.
    
    Un susurro de invitación.
    
    Mariana respiró hondo.
    
    Y cruzó el pasillo.
    
    Cuando su mano empujó la puerta, Fabián estaba allí, esperándola, con los ojos oscuros y hambrientos.
    
    —Hola, primita —murmuró, cerrando la puerta tras ella.
    
    El clic del pestillo sonó como un punto final.
    
    Y el principio de todo lo demás.
    
    El beso los incendió.
    
    No fue tierno, ni tímido. Fue un beso que rompió cualquier ilusión de inocencia entre ellos. Fabián la atrajo contra su cuerpo con una mano en su cintura, mientras la otra se hundía en su cabello, tirando suavemente para exponer su cuello. Mariana sintió cómo sus labios la devoraban, cómo su lengua exploraba su boca con una confianza que la dejó sin aliento.
    
    Ella respondió con la misma urgencia, sus dedos aferrándose a sus hombros, sintiendo los músculos tensos bajo su piel. Cuando por fin se separaron, jadeantes, Fabián la miró con ojos oscuros, casi negros de deseo.
    
    —No sabes lo mucho que me gustas… —susurró, su voz ronca, como si las palabras le costaran esfuerzo.
    
    Mariana no respondió. No podía. En lugar de eso, cerró los ...
    ... dedos en su camisa y lo atrajo de nuevo hacia ella.
    
    El desnudo:
    
    Fabián no se apresuró. Sus manos, grandes y callosas, recorrieron su cuerpo con una lentitud deliberada, como si quisiera memorizar cada curva. Le quitó la blusa con dedos hábiles, dejando al descubierto su piel clara, los tirantes del sujetador que apenas contenía sus pechos.
    
    —Dios… —murmuró él, bajando la cabeza para dejar un beso justo sobre su clavícula—. Me vuelve loco cómo me miras.
    
    Mariana tembló cuando sus labios descendieron, rozando la parte superior de sus senos, mordiendo suavemente el encaje que los cubría.
    
    —Fabián… —su voz sonó quebrada, una mezcla de súplica y advertencia.
    
    —Dime que pare —retó él, deslizando los dedos por su espalda hasta encontrar el cierre del sostén—. Dímelo y lo haré.
    
    Ella sacudió la cabeza, negándose a verbalizar lo que ambos sabían: ya no había marcha atrás.
    
    El sujetador cayó al suelo.
    
    Fabián la guió hacia la cama, tumbándola con una suavidad que contrastaba con la intensidad de sus ojos. Sus manos, ahora libres, recorrieron su torso, deteniéndose en sus pechos, masajeándolos con una presión que hizo arquear su espalda.
    
    —Tan perfecta… —murmuró, bajando la boca a uno de sus pezones, lamiéndolo antes de succionar con fuerza.
    
    Mariana gimió, sus uñas clavándose en sus hombros. Nunca había sentido algo así. Cada chupón, cada mordisco suave, enviaba oleadas de placer directo entre sus piernas.
    
    —Por favor… —jadeó, sin saber exactamente qué ...
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