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Donde termina la familia
Fecha: 15/02/2026, Categorías: Incesto Autor: Shrink2b, Fuente: TodoRelatos
... pedía. Fabián sonrió contra su piel. —Por favor, ¿qué, princesa? —sus dedos descendieron, deslizándose por su abdomen hasta el borde de sus leggings—. ¿Esto? Un tirón. La tela cedió. Cuando sus dedos encontraron su calor, Mariana gritó su nombre. —¡Fabián! —Mierda… —él gruñó, sintiendo lo húmeda que estaba—. ¿Todo esto por mí? Ella no pudo responder. Sus palabras se convirtieron en un gemido ahogado cuando sus dedos comenzaron a moverse, explorando, frotando, penetrando con una precisión que la hizo ver estrellas. —Así… —murmuró él, observando cada expresión de su rostro—. Así es como te gusta, ¿no? Mariana solo pudo asentir, sus caderas moviéndose al ritmo de sus dedos. Pero Fabián no la dejaría terminar tan fácil. Retiró su mano, ignorando su queja, y se despojó de su propia ropa con movimientos rápidos. Mariana lo miró, tragando saliva al ver su cuerpo musculoso, su erección imponente. —No te asustes —susurró él, cubriéndola de nuevo, sintiendo cómo su cuerpo se adaptaba al de ella—. Te haré sentir bien. Te lo prometo. El primer empuje fue lento, deliberado, permitiendo que su cuerpo se ajustara a él. Mariana cerró los ojos, sintiendo el estiramiento, el ardor fugaz que se transformó en placer puro cuando él comenzó a moverse. —Mírame —ordenó Fabián, su voz grave, casi un rugido—. Quiero ver cómo me comes con los ojos. Ella obedeció, y lo que vio la dejó sin aliento: su rostro tenso de placer, sus labios entreabiertos, sus ...
... músculos flexionándose con cada embestida. —Eres… increíble —jadeó, arqueándose cuando él encontró un ángulo más profundo. Fabián no respondió con palabras. En cambio, cambió el ritmo, volviéndose más intenso, más posesivo. Una mano en su cadera, la otra enredada en su cabello, tirando ligeramente para exponer su cuello, que mordió con un gruñido. —Mariana… —su voz sonó rota—. Vas a venirte para mí. Ahora. Y ella lo hizo. El orgasmo la golpeó como una ola, sacudiendo su cuerpo, haciendo que sus piernas se cerraran alrededor de él como un candado. Fabián no se detuvo. Siguió moviéndose, prolongando su placer, hasta que su propio control se quebró. —Dentro… —gruñó, apretándola contra sí—. Te lo dejo todo. Y lo hizo. El silencio que siguió solo fue roto por sus respiraciones agitadas. Fabián se desplomó a su lado, pero no la soltó. Su brazo permaneció alrededor de su cintura, como si temiera que desapareciera. —No debimos… —murmuró él, aunque su voz no sonaba arrepentida. Mariana lo miró, sus ojos brillantes en la penumbra. —Lo sé… La mañana llegó demasiado pronto. La luz del sol se filtraba por las cortinas de la casa de campo, anunciando el final del fin de semana familiar. Los primos, aún adormilados, se movían por la cocina preparando café y recogiendo sus cosas. Mariana estaba sentada a la mesa, con una taza entre las manos, tratando de parecer normal. Pero cada vez que Fabián pasaba cerca, su piel se erizaba. Él, por su parte, actuaba con ...