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Donde termina la familia
Fecha: 15/02/2026, Categorías: Incesto Autor: Shrink2b, Fuente: TodoRelatos
... una calma irritante, como si nada hubiera pasado entre ellos. Como si no la hubiera tenido gritando su nombre apenas unas horas antes. —¿Listos para irse? —preguntó uno de los primos, estirándose. —Sí, ya casi —respondió Mariana, evitando mirar a Fabián. —Yo me voy en media hora —dijo él, casualmente, mientras llenaba su termo de café—. Si alguien necesita aventón, puedo llevarlo. La mirada de Mariana se encontró con la suya por un segundo. Un segundo que bastó para que el aire se volviera eléctrico. —Yo… sí —dijo ella, casi en un susurro—. Si no te molesta. Fabián esbozó una media sonrisa. —Para nada, primita. Los demás no sospecharon. Los primos gays estaban demasiado ocupados discutiendo sobre qué playlist poner para el viaje de regreso, y las chicas solo se quejaban de la resaca. Nadie notó cómo Fabián le pasó una llave a Mariana cuando nadie miraba. —Ve guardando tus cosas en el auto —murmuró él, rozándole los dedos al entregársela—. Yo me encargo de las excusas. Mariana asintió, sintiendo un nudo de anticipación en el estómago. Minutos después, Fabián anunció que se iban. —Mariana tiene que llegar temprano —mintió con naturalidad—. Y yo tengo cosas que hacer. Las despedidas fueron rápidas: abrazos, promesas de juntarse pronto, risas tontas. Nadie notó cómo la mano de Fabián se posó en la espalda baja de Mariana al guiarla hacia la puerta. Nadie vio el brillo en sus ojos cuando ella subió al auto, las piernas ligeramente ...
... temblorosas. Y cuando el auto arrancó, alejándose de la casa familiar, ambos supieron que la próxima parada no sería su hogar. El camino de regreso era silencioso. Mariana miraba por la ventana, los recuerdos de la noche anterior ardiendo en su piel. Fabián conducía con una mano en el volante, la otra descansando sobre su muslo, los dedos dibujando círculos lentos que la hacían contener la respiración. De pronto, el auto desvió su rumbo. —¿A dónde vamos? —preguntó Mariana, girándose hacia él con los ojos ligeramente abiertos. Fabián no respondió de inmediato. Esbozó una sonrisa peligrosa, los nudillos blancos al apretar el volante. —No terminé contigo anoche. El tono de su voz, más grave de lo usual, le hizo palpitar el sexo al instante. Minutos después, estacionaron frente a un motel discreto pero elegante, luces tenues y cortinas pesadas. Fabián pagó sin mirarla, tomó su mano con firmeza y la guio hacia la habitación. El cuarto era cálido, iluminado por lámparas bajas. Una cama ancha con sábanas rojas, espejos en las paredes, una ducha de vidrio que dejaba poco a la imaginación. Mariana se quedó de pie junto al borde, sintiendo el peso de su mirada. Esta vez, Fabián no esperó. Se acercó por detrás, le apartó el cabello rubio miel del cuello y sus labios rozaron su oreja al murmurar: —Ahora eres mía, Mariana. Y voy a enseñarte lo que eso significa. Antes de que pudiera reaccionar, la giró bruscamente y capturó sus labios en un beso voraz. No hubo ...