1. El viejo zorro


    Fecha: 19/02/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos

    ... la excitación sexual a pesar de las devastadoras implicaciones de lo que le estaba exigiendo.
    
    — Oh, Lili —farfulló sin convicción—. No puedo hacer eso.
    
    Sonreí, dejando que mis dedos recorrieran su pecho y sintiendo su corazón latir con fuerza bajo la fina tela de su camisa.
    
    — Pues tu polla cree que sí —objeté, bajando deliberadamente los ojos a su erección—. Mira qué dura está. Ella sí que podría, ¿verdad que sí?
    
    Alfonso siguió mi mirada y se sonrojó aún más, tapándose enseguida con la sábana para ocultar su excitación. Fue un gesto fútil. Su necesidad se traslucía en el brillo de sus ojos, en el febril subir y bajar de su pecho, en la repentina tensión de sus muslos, prestos a saltar sobre mí en cualquier momento.
    
    — Piénsalo, querido —susurré rozando su oreja con mi aliento—. Imagina cómo será lubricar mi agujerito; tendrás que abrirlo bien para que no me haga daño; aunque quizá prefieras oírme chillar; siempre has querido hacerme chillar, pues ésta es tu oportunidad.
    
    Alfonso emitió un sonido gutural, mitad protesta, mitad gemido. Su mano libre agarró el borde del colchón con tanta fuerza que me sorprendió que la tela no se rasgara.
    
    — Lo que me estás pidiendo es degradante, sobre todo para ti.
    
    — No seas bobo, amor, ya no soy una cría. Tengo casi cuarenta años y me muero de ganas de que el jefe de mi esposo vuelva a follarme el culo —admití sin tapujos—. En cuanto a ti, sólo te estoy pidiendo que seas honesto —puntualicé deslizando la mano más ...
    ... abajo—, honesto sobre lo que quieres. Sobre lo que ambos queremos.
    
    Podía sentirlo temblar bajo mi tacto, veía el conflicto interno en sus facciones. La idea lo aterrorizaba, eso estaba claro, pero al mismo tiempo lo excitaba de maneras que su mente racional se negaba a aceptar.
    
    — Te he observado —continué con voz grave e hipnótica—. He visto como reaccionas cuando Alberto me posee; lo dura que se te pone cuando él me folla; tanto que apenas puedes contenerte cuando ves como me tiemblan las piernas; por no hablar de tus ganas de vaciarte en cuanto él se marcha.
    
    — ¡Para! —balbució aunque su erección se movía contra mi tacto.
    
    — ¿Por qué? —inquirí con seguridad—. Admite de una vez que te gusta que otros me den lo que tú no tienes, que te gusta que me vuelvan loca de remate y me llenen la boca de semen.
    
    Su determinación se resquebrajaba, podía verlo en cómo sus ojos se cerraban y su respiración se volvía más agitada. El bulto en sus pantalones era imposible de ignorar; resultaba evidente cuánto le afectaban mis provocaciones. En resumen, mi esposo estaba a punto de ceder a mis caprichos una vez más.
    
    — Imagínatelo —dije en voz baja mientras agarraba su erección a través de la tela, haciéndole jadear y estremecerse de estupor—. Imagíname a cuatro patas, apoyada sobre los codos y con el culo en alto mientras él me fuerza… metiéndola de a poco… sin prisa.
    
    — Lili —gimió, arrancando mi nombre de sus labios como una súplica.
    
    — Será alucinante, piénsalo —continué sin ...
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