1. Dejar el parentesco


    Fecha: 25/02/2026, Categorías: Incesto Autor: ventura, Fuente: TodoRelatos

    No podía por menos venirme el recuerdo de aquella imagen en la que pude visualizar una blusa escotada, dejando entrever unos pechos turgentes y deseables para cualquier hijo de vecino. Lo demás del cuerpo de la que era hermana de mi madre también era digno de admirar, pero el primer vistazo, al verla de nuevo, se dirigió a ese relieve fantástico que tan grato recuerdo guardaba. El llegar a poder admirar y contemplar totalmente los pechos de una mujer tan espectacular se produjo tal hormigueo en mis genitales que mi mano se aferró a mi pene, provocando la que fue mi primera masturbación.
    
    Esa hermana de mi madre rondaba los veinte y qué veinte años. Aunque yo era un crió, no por eso era ciego y se apreciaba en ella que era una mujer imponente.
    
    Este hecho sucedió en casa de mis abuelos. Era verano, y como casi todos los años, íbamos a pasar unos días con ellos y a la vez con la hermana pequeña de mi madre, que también vivía allí. Una tarde calurosa que no se podía estar en la calle, estaba entretenido jugando en mi habitación. La puerta la dejé abierta para que corriera el aire, por lo que pude ver quien venía por el pasillo de forma acelerada para entrar al baño. La puerta estaba enfrente de mi habitación y pude ver que se trataba de mi tía. Ni se le ocurrió mirar si pudiera haber alguien que pudiera observarla y ni se molestó en cerrar la puerta del aseo. Mi atención en ella se centró cuando se despojó de la blusa que llevaba y del sujetador. Mis ojos como platos, ...
    ... seguían sus movimientos que no eran otros que observar como su cuerpo se inclinaba al lavabo, sus manos recogían agua del grifo y con suavidad iba refrescando sus pechos. Ver como sus manos se desplazaban desde la base de sus mamas, pasando sus pezones, hasta llegar a su cuello, provocó en mí tal excitación que no pude por menos que dedicar a esa mujer mi primera paja.
    
    No logré nunca volver a verla en ese estado, pero para mí dejo de existir ese vinculo de tía y sobrino para pasar a ser la mujer en la que centraban todos mis pensamientos carnales. Era un adolescente, pero tenía la tenía en tal fijación que solo deseaba tener la mayoría de edad para casarme con ella y disponer de su cuerpo. Mientras no llegaba ese día, mi único desahogo era dedicarle unas pajas monumentales. Mi decepción llegó cuando contrajo matrimonio. No por eso dejaba de tenerla en el pensamiento y, si tenía ocasión, comparar sus tetas con la de la chica que podía llegar a tocar.
    
    Bien, han pasado unos cuantos años desde ese recuerdo y ahora estoy con veintitrés. Estoy hecho un hombretón, como dice mi madre y, sin entrar en detalles de cómo transcurre mi vida, puedo decir que más o menos puede ser como la de cualquiera de los mortales. Mis problemas, son los típicos de una persona de esa edad que lucha por encontrar un trabajo de acorde con los estudios realizados y que mientras, se agarra donde puede. En lo que respecta al sexo, no se me da mal, aunque no siempre, pero en mis relaciones con mujeres con ...
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