1. Dejar el parentesco


    Fecha: 25/02/2026, Categorías: Incesto Autor: ventura, Fuente: TodoRelatos

    ... madre.
    
    Después de los saludos correspondientes, hubo una pequeña discusión sobre dónde íbamos a comer. Mientras mi madre optaba por hacerlo en casa, los demás querían ir a un restaurante y evitar que mi madre se pringara en la cocina. No fue una elección democrática y prevaleció la opción de mi madre.
    
    –Ya habrá ocasión de ir a un restaurante. Para un día que venís, quiero que lo compartáis con nosotros en nuestra casa. Además, la comida la tengo preparada –terminó diciendo mi madre.
    
    Y bien que lo tenía dispuesto. No faltó detalle para honrar a nuestros visitantes y ellos se lo agradecieron.
    
    Pero hay algo que os interesará saber y es lo que ocurrió durante la comida. Éramos seis comensales, entre los que se encontraban también mi padre y mi hermana menor. Mis padres estaban situados en cada una de las cabeceras de la mesa rectangular; a mi hermana le hicieron sentarse enfrente del marido de mi tía y como podéis suponer, a mí me tocó tener delante a mi flamante tía Patri.
    
    En buena armonía y entre risas, sobre todo de Patri, fue trascurriendo la comida. Yo, disimuladamente, no perdía ojo al escote que tenía enfrente y pensar que debajo de esa blusa, había unos pechos muy apetecibles. Llegó el momento de los postres y algo más dulce se unió a ellos. Sentí como un pié, desprovisto de zapato, se posó encima del mío. No se podía ver a quien pertenecía, porque el largo faldón del mantel que cubría la mesa lo impedía, pero seguro que de mi padre no era porque en esos ...
    ... momentos se había levantado. No cabía duda que pertenecía al comensal que tenía enfrente. No lo retiré, y poco a poco iba notando como ese pequeño pié se metía por el caño de mi pantalón para ir desplazándose por mi pierna.
    
    Yo flipaba, la miraba y ella me obsequiaba una sonrisa. ¡Joder!, la mujer que hizo despertar mi deseo sexual y mis anhelos amorosos, me estaba de nuevo provocando un enardecimiento que seguramente terminaría en una monumental paja, o en un desahogo con alguna amiga deseosa de que la follara.
    
    Ya no era un adolescente que toda la ansiedad quedaba prácticamente en el pensamiento. A esa provocación, respondí quitándome el mocasín y poner mi pié sobre su pierna. Una señal de asentimiento noté en su rostro y continué desplazando mi pierna por la suya hasta llegar a sus muslos. Mi posición en la silla era un poco incómoda, pero me acomodé apoyando mi espalda al respaldo de la silla. No era una posición que delatase incorrección, más bien era la de estar satisfecho por la excelente comida que nos había deparado mi madre.
    
    Pues bien, al llegar mi pié a sus muslos, sorteando la falda que los cubría, ella fue separándolos poco a poco hasta que mi pié se aposentó en toda su pelvis. Los dedos de mi pié se encargaron de acariciar la suave tela del tanga, mientras mi seductora tía iba cerrando sus muslos aprisionando mi pié.
    
    Se acabó mi sondeo por su zona pélvica, cuando mi madre propuso tomar café en la terraza. Como si no hubiera pasado nada en esa mesa, Patri ...
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