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Dejar el parentesco
Fecha: 25/02/2026, Categorías: Incesto Autor: ventura, Fuente: TodoRelatos
... gota de sangre. Se quedó estupefacta. Dejé que se repusiera del desconcierto que le había causado mi petición y reaccionó intentando enumerar los inconvenientes, pero no le dejaba terminar, minimizándolos. –Soy una mujer casada y… –Eso ya lo sé y también sé que puedes dejar de serlo. –También soy tu tía… –Tampoco ese es ningún impedimento. Se puede conseguir dispensas. –Te supero en edad… –Ese inconveniente es todavía menor. Está a la orden del día que una mujer sea mayor que su marido y además, tan solo son siete años. Sin ir más lejos, Sakira se casó con Piqué superándole en diez años. –¡Estás loco! –Eso ya me lo has dicho antes y también me has dicho: “tómalos mi amor son para ti” y “hazme tuya para siempre”, ¿o todas tus palabras son una burda mentira para que puedas lograr tus propósitos de que te deje embarazada? Mi razonamiento produjo en Patri una congoja que no se podía decir que fuese fingida. Me arrepentí de haberle dicho esas palabras, la abracé y su cabeza se apoyó en mi hombro. Ella entre gimoteos pudo decirme: –Me duele que llegues a pensar que te estoy engañando, ya sé que no merezco que me creas, pero no tengo por qué mentirte más –Dime entonces, si es verdad que quieres ser mía para siempre. –Sí, sí, Raúl, es verdad, soy tuya y muy tuya. No sé cómo lo has hecho para hechizarme, pero estás haciendo que me sienta una mujer nueva. Lo que no quisiera es que te dejaras llevar por estos momentos tan hermosos y digas algo ...
... que después te arrepientas. –Mi pasión por ti no solo es de ahora, viene de lejos y me harías el más feliz de los mortales si aceptas mi proposición. No hicieron falta más palabras. En esos momentos dejábamos totalmente de ser tía y sobrino para ser una pareja con fines conjuntos. No cabía duda que uno de ellos era algo, que si ella lo deseaba con ardor, yo ya no tenía que poner impedimentos. Mi pene estaba a su completo servicio. Nos fundimos en un alocado beso y no hizo falta mandar una orden a mi pene para que pronto buscase refugio. Sabía el camino y esa vez tomó gusto en su penetración. No encontró resistencia alguna. Todo el recorrido estaba lo suficiente lubricado para que con suavidad se desplazara hasta lo más interno de la vagina que debía explorar, Tanto la vagina como el pene, eran los mismos de la noche anterior, pero el comportamiento de sus dueños no fue el mismo. Ni Patri se mostró estática ni yo pendiente de mi descarga. Fue un polvo glorioso, memorable, antológico. Pusimos tanta fogosidad y pasión, que el sudor bañaba nuestros cuerpos y nuestras gargantas solo emitían gemidos, jadeos y bufidos de placer. El gozo que manifestamos cuando nos sentimos bañados por nuestros líquidos seminales, fue descomunal. ¡Qué orgasmos! Nos quedamos desinflados uno encima del otro y mi pene renunció a salir de la vagina donde estaba refugiado. Se sentía tan a gusto con su compañera que esperaba volver a imprimir nuevos movimientos y volver a dedicarle una nueva ...