1. Soy el sillón de una sensual mujer


    Fecha: 25/02/2026, Categorías: Confesiones Autor: SangreCaliente, Fuente: TodoRelatos

    ... comodidad y tratando de ser cálido, ella siempre se satisfacía sola hasta que un día las cosas cambiaron. Esa tarde el joven y la mujer se sentaron, ella como siempre en bombacha y con remera, el joven solo en calzoncillos. Comenzaron a tocarse y a desvestirse, él se quedó sentado y ella inmediatamente lo montó; estaban sobre mí, subiendo y bajando, una y otra vez yo aguantaba, estaba hecho para eso. Luego de un rato ambos mojaron mis almohadones. Se quedaron tirados, pero luego de un ratito comenzaron nuevamente a tocarse, ella apoyó sus rodillas sobre mí y soportaba las embestidas de él, gritaba, gemía, hasta que apoyó sus pechos en mi respaldo y noté que estaba transpirada y caliente, al rato nuevamente me volvió a mojar.
    
    Esa fue la primera de una larga serie de veces en las que me usaron. Mis apoyabrazos, el respaldo, se acostaron sobre mí, se apoyaban en el piso, ella lo montaba; ambos me usaban para ser el apoyo de su placer. Televisor me explicaba que eran momentos sexuales que los solía ver en su interior y que eso daba satisfacción y placer a los humanos. Todos esos momentos sexuales sobre mí eran satisfactorios, yo desde abajo los sentía rozándome, me mojaban, me arañaban, apretaban mi tela, a veces me dolía, pero sabía que mi dueña lo disfrutaba. Para eso estaba yo, para apoyarla.
    
    También, los amigos del joven venían a la casa. Uno de ellos, el que más venía, una noche se quedó junto a ellos, los tres estaban entretenidos, los hombres jugaban con la play en ...
    ... Televisor y ella traía bebidas que apoyaba sobre Mesita. De pronto, ella se puso a bailar sola frente a ellos, quedaron mudos, sin saber que hacer, ella tomó la iniciativa, los guio. Se acercó, besó al joven que vivía en la casa y luego al otro, ellos le tocaron los pechos. Yo veía todo desde abajo, ella se sentó sobre Mesita frente a mí, luego cayeron los pantalones y comenzó a tocarle las entrepiernas, besaba sus falos, así estuvo un rato hasta que se recostó sobre mí uno de ellos, de inmediato ella lo montó y comenzó a empujarlo, mientras el otro -parado sobre mis almohadones- le ofrecía su palo en la boca, así por largo rato hasta que intercambiaron lugares. Yo soportaba y miraba todo, asombrado, siempre habían sido dos personas, pero en esta oportunidad eran tres. Todo era más fuerte, más intenso y exigía mayor aguante de mi parte.
    
    Luego ella apoyó sus manos y sus rodillas sobre mi y uno de atrás la empujaba, mientras el otro sentado sobre mi respaldo le introducía en su boca su palo, produciéndole mucha saliva que caía sobre mis almohadones. Ella que guiaba a los jóvenes como una experta, finalmente ordenó al joven que vivía en la casa que se sentara sobre mí, con las piernas abiertas lo montó e indicó al otro que ingrese por el otro agujero que ella tiene por detrás. Me asombré, mi dueña podía introducirse dos falos. La escuché quejarse levemente y luego comenzar a gozar. El peso de los tres en un solo punto me esforzaba, pero yo tenía que aguantar porque mi dueña me ...