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Soy el sillón de una sensual mujer
Fecha: 25/02/2026, Categorías: Confesiones Autor: SangreCaliente, Fuente: TodoRelatos
... fallar”. Los otros jóvenes se sumaron, ella se sentó sobre mí y los jóvenes delante de ella sacaron sus falos y los comenzó a chupar mientras dos se sentaron junto a ella: le tocaban los pechos y su vagina, que a esa altura yo ya la sentía totalmente caliente y mojada. Los palos de todos estaban durísimos, ella se encargaba de besarlos y mantenerlos firmes. De pronto se detuvo y comenzó a poner orden. Sentó a uno sobre mí, lo montó, dos se pararon sobre mis almohadones y le ofrecieron sus vergas, ella los chupaba alternativamente, yo sentía como se mojaba, estaba muy caliente y transpirada. Los otros dos sacaron de mala manera a “Mesita” y la arrojaron a un costado de la sala. Luego de un rato de placer, en esa posición, ella volvió a tomar el mando y se puso de espaldas sobre mí, su culo quedaba en el borde casi al aire y allí otro comenzó a penetrarla mientras ella ponía en su boca otro falo. Era un continuo pase, salía uno y venía otro, la cogían o se hacían chupar sus vergas. Ella como una catarata arrojaba líquidos desde su interior sobre mí. Yo los sostenía era un esfuerzo, allí fue cuando sentí que no podía más y… ¡crack! me quebré. Aguanté el dolor y no hice ruido, para no interrumpir. Los cinco jóvenes y la mujer siguieron, en diferentes posiciones, ella los dominaba y ordenaba. Usaron mis apoyabrazos, el respaldo, movieron mis almohadones, me usaron ...
... completamente. La penetraron por todos lados, en todas las posiciones; en un momento tenía todos sus agujeros llenos. Fue el instante de mayor éxtasis porque sentí su cuerpo temblar y que su líquido fluía en abundancia: luego ellos comenzaron a arrojarle sus líquidos, ella acostada sobre mí los recibía en su abdomen, cara y pechos. Todos acabaron sobre ella y sobre mí, ambos quedamos enchastrados. Luego se levantaron todos y se fueron al dormitorio, después de un rato de gemidos, gruñidos y gritos de placer; los cinco jóvenes se fueron. Ella volvió a quedar sola, escuché que se bañó, arregló un poco la cocina, acomodó los platos y se fue a acostar a otro dormitorio, en soledad. Al día siguiente se levantó tarde, la noté cansada pero satisfecha, la veía en la cocina tomando su taza de café, luego se acercó a mí me miró todo manchado y quebrado, me acarició con amor en mi apoyabrazos, sentí su agradecimiento profundo, vio como había quedado: manchado, roto, arañado. Ese fue mi momento de angustia ¿me querrá cambiar? ¿traerá otro sillón? ¿me dejará en la calle?. Días después me tranquilice, mi dueña hablaba con un amigo sobre mi y escuche que dijo “la verdad es que no se si cambiarlo, me acompañó en muchas aventuras quizás lo mande a reparar y retapizar”. Respire hondo y me alegré; seguiría acompañando a esta bella mujer en sus momentos felices, tristes y de soledad.