1. El placer de Lucía y su amante


    Fecha: 26/02/2026, Categorías: Hetero Autor: uruguayitamimos, Fuente: CuentoRelatos

    ... los grifos. La ropa quedó en la alfombra, sus jeans, su remera y sus sandalias. Lucía se complació viéndolo desnudo, su pene erecto, ya excitado por aquellos besos y el roce de sus cuerpos. Él la miró, contempló sus senos, su piel blanca y le extendió la mano. Ella se acercó y lo besó. Él con su otra mano buscaba el punto exacto del agua.
    
    —¿Te parece que está bien? —dijo él.
    
    —Esta tibiecita —dijo ella.
    
    Se metieron en la ducha y el agua empezó acorrer por sus cuerpos. Por el cuerpo de José corría sin obstáculos hasta su pubis, donde encontraban la barrera de su pene erecto y donde divergían hacia sus testículos pasando por sus piernas. En Lucía se encontraban con sus senos algunas gotas discurrían por uno y otro pecho y otras por la separación entre ambos. Algunas gotas entraban en su ombligo y llegaban hasta su pubis que se encontraba bastante depilado en esta oportunidad.
    
    Él la abrazó e interrumpió la ruta de las gotas descendiendo por sus cuerpos que ahora eran uno. La acariciaba tan lentamente por su cola y sus piernas, por su espalda, separaba su cuerpo del de ella y mordisqueaba sus pezones erectos, la besaba, la abrazaba nuevamente. Las manos de José tomaron el jabón y comenzaron a enjabonar el cuerpo de Lucía deslizando caricias por todo su cuerpo.
    
    Sus manos buscaban en su vagina, tocaban los labios mayores, abrían los menores, buscaban el clítoris, faro de la caverna donde parte de su cuerpo hallaba la gloria. Lo rodeó con sus dedos, lo halló ...
    ... extremadamente redondo y sobresaliente, denotando aquella excitación que José podía ver en aquellos pezones rosáceos que coronaban las montañas de su pecho.
    
    Las manos de Lucía buscaban cada detalle del cuerpo de José, su cuerpo bronceado, su pubis sin vellos, su pene erecto que impedía que ambos vientres se unieran sobre si mismos, sus testículos, su cola fabulosamente redonda. Su mente no podía parar de formar imágenes, elucubraciones de escenas de sexo demasiado explícitas para una película corriente, en donde su cuerpo se pegaba a de él.
    
    De espaldas, y ella poblándolo de besos y esos gemidos que su boca exhala cuando José se excita. En medio de esas elucubraciones dignas de un buen director de cine Lucía comenzó a sentir como una corriente ascendía por la línea media de su espalda, trepando por su columna vertebral tensando los músculos de su espalda. Sentía como sus piernas se aflojaban y caía casi sin fuerzas en los brazos de José la sostenían besándola sin cesar.
    
    Lucía recuperaba un poco de su tono muscular, volvía a la realidad de las caricias de José, a sus cuerpos desnudos bajo el agua y él comenzó a enjuagar su cuerpo y el suyo propio. Parecía como si su mente y cuerpo se hubieran transportado a otro lugar y ahora volvieran recuperando la visión de aquel hombre que le causaba tanto placer. Cuando ambos carecían de jabón en sus cuerpos José cerró el grifo y tomó una toalla con la que comenzó a secar a Lucía.
    
    José observaba a aquella mujer mientras la secaba, su ...
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