1. Mi vida en un club de alterne II


    Fecha: 05/03/2026, Categorías: Hetero Autor: Libelula, Fuente: TodoRelatos

    ... que hacer que se corra hasta que se le sequen los huevos.”
    
    Asentí, con la mente calculando. Un cuarteto para este cerdo corrupto. Diego se está jugando algo gordo. “Suena a una noche inolvidable, cariño,” dije, inclinándome para que mis tetas rozaran su brazo. “Pero una fiesta así cuesta caro. ¿Cuál es el trato?”
    
    Diego sacó un fajo de euros nuevos y lo agitó frente a mí, fanfarrón. “Quinientos para ti y la otra puta, más cien si Julián se va con una sonrisa que no le quepa en la cara. Haz que se sienta dios, y te trataré como mi reina, Margot.” Reina, y una polla. Quiere una esclava para lucirla como trofeo. Arqueé una ceja, fingiendo dudar. “Sube a setecientos, Diego. Una noche como esta, con dos diosas, no sale por menos. Y Julián se irá pidiéndote más negocio.”
    
    Julián soltó una risotada, derramando su whisky. “¡Joder, Diego, esta tía es puro fuego! ¡Dale setecientos, ostias, venga, no seas roñoso, cabrón, que te vas a forrar conmigo!”
    
    Diego frunció el ceño, y me miró de mala manera, pero acabó sonriendo, pasándome el fajo. “Eres una zorra lista, Margot. Vale, setecientos. Ahora, ¿quién es la otra?”
    
    No titubeé. “Gladys.” Si voy a venderme, que sea con ella. Mi amor, mi maldita debilidad. Gladys, mi brasileña de ojos dulces, era un oasis en este desierto de mierda. Su piel morena, sus curvas suaves, la forma en que me miraba como si yo fuera lo único bueno en su mundo… era todo lo que Diego no podía comprar. Hice una seña al camarero, un tipo con cara de ...
    ... rata, que fue a buscarla. Gladys apareció desde el fondo del local, envuelta en un vestido de encaje negro que abrazaba sus formas como una caricia. Su pelo largo, negro como la noche, caía en cascada, y su sonrisa tímida me atravesó el pecho. Joder, mi amor, eres demasiado pura para este infierno.
    
    “Boa noite, caballeros,” dijo, con ese acento portugués que sonaba a miel. Me dio un beso en la mejilla, demorándose lo justo para hacerme estremecer, y su mano rozó la mía, cálida y suave. Diego y Julián se quedaron boquiabiertos, con las pollas ya tiesas bajo los pantalones, seguro.
    
    “Hostia puta, Diego, estas dos son de otro planeta,” gruñó Julián, secándose el sudor de la frente con un pañuelo sucio. “Venga, vamos a follar.”
    
    Diego se rió, palmeándole la espalda. “Tranquilo, amigo. Margot, ¿a quién te quieres follar primero?”
    
    Julián me miró, con una sonrisa torcida que rezumaba malicia. “A la rumana,” dijo, clavándome los ojos. “Quiero a esta zorra primero, Diego. Que me haga cosas que tu polla no ha probado.” Cabrón, lo haces para joderlo. Diego tensó la mandíbula, pero se rió, disimulando. “Tú mandas, amigo. Margot, ya lo has oído.”
    
    Cogí la mano de Gladys, apretándola para calmarla, y tiré de ella hacia los ascensores. Vamos, mi amor, hagamos esto nuestro. Diego y Julián nos siguieron, sus pasos pesados resonando en el pasillo, donde las luces parpadeaban como si el club estuviera moribundo. El aire estaba cargado de humo, perfume barato y el hedor de cuerpos que se ...
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